Viernes
, 05-03-10
BAGDAD. Los colegios electorales de Bagdad abrieron ayer sus puertas a las siete de la mañana y el primer ataque no se hizo esperar. Militares, policías, enfermos y presos tomaron parte en una primera jornada electoral, que se saldó con la muerte de al menos catorce personas y más de cuarenta heridos. Los centros de votación fueron el objetivo de unos terroristas que con tres ataques en diferentes partes de la capital anunciaron de lo que son capaces de cara a la cita con las urnas del domingo, a la que están llamados diecinueve millones de iraquíes.
Mientras los primeros iraquíes depositaban sus papeletas llegaba la noticia de un ataque con morteros contra un centro de votación en el barrio chií de Hurriya. Los proyectiles cayeron en un mercado próximo y mataron a siete personas.
Con el paso de las horas, mientras las cadenas locales mostraban las imágenes de miles de uniformados en fila esperando para ejercer su derecho al voto, dos suicidas se inmolaron en un colegio del barrio Mansour, tres muertos, y en el centro de la capital, cuatro, completando una oleada de ataques que no evitaron la fuerte afluencia de votantes. Naciones Unidas valoró de forma positiva la participación y estimó que unos 700.000 iraquíes votaron en la jornada inaugural.
Quien maneja cámaras en Bagdad sabe que los puestos de control son terreno vetado. No se puede retratar a los policías en las calles por motivos de seguridad, pero cuando se trata de las elecciones parece más importante dar la imagen de afluencia masiva. Con las noticias de los ataques en las radios, acercarse a un colegio en Bagdad es como jugar a la lotería. Aunque se cortan las carreteras -a partir de mañana se anuncia toque de queda- la amenaza cambia del habitual coche bomba al terrorista suicida y los morteros.
Un millón de vigilantes
A las puertas del colegio Comait del barrio de Karrada un arco detector de metales que no funciona es el primer filtro antes de los cacheos de rigor. «Hemos venido a votar, pero en cuanto salgamos volvemos al trabajo porque estamos en estado de máxima alerta», asegura el agente de tráfico Ahmed Labi que se ha llevado un gran disgusto porque «mi nombre no figuraba en el censo».
Un error que se ha repetido en todo el país y que las autoridades han asegurado que solucionarán para el domingo. «Yo estoy con Maliki, gracias a él tenemos elecciones y somos los dueños de nuestra propia seguridad», piensa Riad Rahimi, sargento del Ejército que forma parte del dispositivo especial de seguridad que blinda Bagdad con más de 200.000 efectivos en las calles (en todo el país se ha movilizado a un millón de hombres). Todo un test para los iraquíes que quieren demostrar al mundo que son capaces de llevar a cabo estos comicios sin necesidad de los norteamericanos.
La capital se vistió de elecciones. Aceras desiertas, carreteras sin tráfico, comercios cerrados... Son jornadas festivas, pero las familias se encierran en sus casas.


