Desde «Los plebeyos ensayan la revolución», el premio Nobel se convirtió en objeto de vigilancia para la policía socialista
La incomodidad de la Stasi con Günter Grass
El escritor alemán Günter Grass /DANIEL G. LÓPEZ
Actualizado Miércoles , 03-03-10 a las 18 : 16
El apoyo teatral al levantamiento obrero berlinés contra el régimen soviético, en 1953, y su crítica a la imposición del Muro de Berlín, en 1961, pusieron desde temprano a al escritor Günter Grass en el objetivo de la policía política (Stasi).
El volúmen de inmediata aparición "Günter Grass en el punto de mira - Las actas de la Stasi", de la editorial Christoph Links, reune toda la documentación de la Seguridad del Estado de la Alemania oriental sobre el autor de "El tambor de hojalata" y del que el «Bild» y el semanario «Die Zeit» adelantan ya extractos.
Entre 1961 y 1989, a la caída del socialismo, Grass fue "estrechamente vigilado" por la Stasi, aunque reconoce que "nunca me sentí amenazado ni fui directamente arrestado" durante sus intentos de promover encuentros de lectura con escritores de la República Democrática Alemana.
Poco conscienteGrass dice haber sido "sólo a veces" consciente del seguimiento de que era objeto desde que ponía los pies en la estación de la Friedrichstrasse, al cruzar a Berlín Este, y tampoco de la cooperación de algunos editores y escritores orientales, como Hans Marquardt, Hermann Kant o el dramaturgo Manfred Wekwerth. "Nunca se me hubiera ocurrido que Marquardt fuese un cómplice fijo a sueldo de la polícia. Igualmente sorprendente fue saber que Hermann Kant, ya desde el mismo 1961, escribió los primeros informes sobre mí".
El libro, recopilado por el editor Kai Schlüter y que sale al mercado el día 12, incluye el informe de 700 páginas que sobre Grass elaboraron durante 30 años los agentes de la RDA. Tras el estreno de su pieza teatral sobre el primer levantamiento obrero contra un régimen socialista, "Los plebeyos ensayan la revolución", Grass fue declarado por las autoridades de la RDA "enemigo del estado".
La Stasi intentó impedir el estreno de la obra en Berlín occidental en 1966, pero su seguimiento empezó según la editorial después de que éste criticara -con el lema "Dad a los escritores la libertad de expresión"- el levantamiento del Muro de Berlín, en 1961. Luego mantuvo el cerco a sus visitas, durante los encuentros literarios celebrados en apartamentos privados en la RDA, entre 1974 y 1978, cuando el círculo fue roto con la deportación del poeta y cantautor Wolf Biermann.
"Nunca se me arrestó directamente", admite Grass, "pero sí se me urgió a veces a acompañar a un policía fronterizo a una habitación sin ventanas. Ahora que, en cuanto se cerró la puerta, empezaba a armar jaleo. Golpeaba la puerta de metal, recordando una frase de mi corto periodo como soldado: '¡Quiero hablar con el oficial de guardia'", rememora Grass, que fue Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 1999.
El autor de "La ratesa" y "El rodaballo" explica que, en sus viajes, una vez superada la barrera del Muro, los escritores de Alemania Occidental eran "acompañados" de manera "más o menos llamativa" por las calles y hasta su destino. Los confidentes particulares de la Stasi llegaron a sumar 300.000 y, junto a los 90.000 agentes oficiales, llegaron a constituir una de las redes más compactas conocidas de vigilancia de sus ciudadanos por el estado.

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