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«Zapatero no está siendo responsable»
MIGUEL MUÑIZ Feijóo, en los soportales del Palacio de Raxoi, en la Plaza del Obradoiro, el pasado viernes
Domingo , 28-02-10
«Mi mejor momento puede que sea la cara de satisfacción de mi padre, Saturnino, aquel 1 de marzo; también la concesión de la Medalla de Oro a los ex presidentes autonómicos. Y el peor, todas las veces que uno comprueba que hay mucha gente que habla de Galicia cuando, en realidad, le importa poco... Eso pasa en algunos casos, en ocasiones determinadas, y con ciertos asuntos». Alberto Nuñez Feijóo, nacido en una pequeña aldea de Orense, la de Os Peares, está sentado en su despacho del Palacio de Raxoi, en la centelleante Plaza del Obradoiro.
Mañana festeja su efeméride. Se cumplen doce meses desde que pasase la nota de corte que le permitiría gobernar la Xunta. Heredó una crisis que, en términos taurinos, es un descabello. Prometió austeridad y unidad, distanciándose así del dispendio y división del bipartito de Touriño y Quintana, que antes había criticado. «Hoy, en sus partidos, hay otros líderes. Pero, pese a haber perdido los comicios, siguen cayendo en los mismos errores que tenían al mandar», admite. Los ex socios son casi imperceptibles en su propia tierra.
El titular del Ejecutivo adelgazó la nómina de los altos cargos un 50%, un 30% el número de asesores, rebajó sueldos en el escalafón directivo, suprimió tres consejerías (hay 10) y 47 delegados provinciales (son cinco). «Hicimos esto desde el primer día y el Gobierno de Zapatero ha esperado seis años para darse cuenta de que es necesaria la contención. Cuando nosotros estábamos adelgazando, él creó una vicepresidencia tercera. Ahora, dicen que hay que volver a la estabilidad presupuestaria, porque vamos a ser advertidos por la UE, como lo estamos siendo. Pues aquí cerramos en 2009 unas cuentas de acuerdo con este equilibrio. Es ser responsables, nada extraordinario, y Zapatero no lo es», subraya.
En su repaso con ABC, recuerda la firma de un contrato blindado para el AVE, 4.700 millones. Su predecesor lo había intentado ante su jefe de filas, infructuosamente. Cuando el lucense José Blanco llegó a Fomento, mejoraron las cosas para la alta velocidad. «Ahora tenemos que pelear por el del Cantábrico, porque Moncloa no pide que se renuncie a él, sino que Galicia y Asturias no lo tengan... Ya que sí se está haciendo entre Cantabria y el País Vasco».
«Las cajas "de mier..."»
De Magdalena Álvarez, la anterior responsable del ramo, tiene un mal recuerdo. «Nos contó aquello del «Plan Galicia de mier..», y tengo la sensación de que ese estilo podría aplicarse ahora a la negociación de la Ley de Cajas, aunque no digan «de mier..»». Feijóo quiere la fusión entre Caixa Galicia y Caixanova. La norma aprobada por el Parlamento el 29 de diciembre (PP y BNG) está recurrida en algunos puntos. En las entrevistas entre ambas administraciones hubo desplantes y plantones. «Si Galicia es la quinta comunidad en población y en Producto Interior Bruto, puede tener la quinta gran caja española. Lo que me gustaría saber es qué miembro del Gobierno central dio la orden de romper las conversaciones, porque hay cuatro gallegos, y por lo tanto no se puede decir que haya un desconocimiento de esta realidad. Se equivocan al subestimar a esta sociedad».
El futuro decreto lingüístico se atasca, al encontrarse con más oposición de la esperada. No solamente por parte de los garantes del gallego. Galicia Bilingüe y la Mesa de la Libertad de La Coruña han sido duros en su respuesta. «La imposición es lo contrario de la formación y la libertad. Hay dos idiomas, una parte quiere prescindir de uno. Nosotros queremos dos y el manejo, al menos, de un tercero, el inglés», aclara el popular. En la Real Academia Gallega está al frente hoy un independentista confeso, Méndez Ferrín. «Respeto a las instituciones y a las personas que las representan, aunque no piensen como yo», matiza Feijóo.
Con la financiación autonómica vivió un trago amargo. La relación con Madrid se avinagró. El insulto a los gallegos de Rosa Díez, líder de UPyD, le parece inadmisible. «Confirma que no tiene un proyecto para España, y las partes que la conforman». Son las reflexiones de un presidente que hace ejercicio («importantísimo para mí») y va al cine cada quince días.
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