La lucha contra ETA y su deslegitimación social son el eje del nuevo Ejecutivo vasco, defensor del orden constitucional

TELEPRESS Patxi López, en un acto de partido celebrado ayer en Bilbao
Domingo
, 28-02-10
Un Parlamento sin Batasuna, la bandera nacional ondeando en Ajuria Enea, el Rey como líder televisivo absoluto en la pantalla autonómica vasca, un lendakari en Madrid celebrando la Constitución... Hay para quien todo esto podría ser pura anécdota, pero desde que hace doce meses las matemáticas permitieron que socialistas y populares se aliaran y desbancaran al nacionalismo del poder, la «normalidad» se ha impuesto tozudamente en la realidad política y social del País Vasco.
Nuevos vientos soplan en esta Comunidad autónoma, y no precisamente por el temporal. El debate identitario de los nacionalistas ha dado paso al respeto al orden constitucional, y la agenda del nuevo lendakari no la centran más consultas soberanistas, sino planes económicos que logren sacar cuanto antes a los vascos de la crisis. En la hoja de ruta por la paz ya no cabe el diálogo con los asesinos y el Gobierno de Patxi López ha confiado a jueces y fuerzas de seguridad la derrota del terrorismo.
Mensaje claro contra ETA
Precisamente han sido los continuos éxitos policiales de los últimos meses los que han permitido que PSE y PP hayan optado hace unos días por reforzar su Pacto y se atrevan a mirar más allá de esta legislatura. «Algunos temían lo peor, pero en Euskadi sigue saliendo el sol», señalaba esta semana a ABC el líder de los «populares» vascos y socio preferente del Ejecutivo vasco, Antonio Basagoiti, para quien la mayor eficacia policial (en especial de la Ertzaintza) se debe «sin duda alguna» a la «nitidez» del mensaje contra ETA y su entorno.
Pero aún hay más. En el eje de la nueva política vasca se sitúa el cierre de todo espacio de legitimación de la violencia. El avance desde el verano es patente: se ha cortado el grifo a las asociaciones de presos, se han «limpiado» las calles de la habitual simbología proetarra y se ha prohibido todo homenaje a los terrorristas. Poco a poco, las fotos de los verdugos luciendo en las tabernas y «txoznas» dejan de perturbar la memoria de las víctimas y el «callejero etarra» va borrándose del mapa.
De otro mapa, esta vez el del tiempo de ETB, ha desaparecido Navarra. Un gesto simbólico que -«blindajes» aparte- abre una nueva era en las relaciones entre el País Vasco y sus vecinos. Entre las asignaturas pendientes falta por extender el cumplimiento de la Ley de Banderas en todas las instituciones y abrigar la vuelta de las selecciones deportivas de España. Aún queda mejorar el recibimiento a los Reyes, aunque el PP vasco no duda en augurar que «la próxima visita será más tranquila».


