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De la vergüenza al orgullo
Consulta médica en la colonia
Domingo , 28-02-10
En la colonia, vivo en la colonia». Durante muchos años, decenas de años, esta afirmación era estigmatizada en muchos pueblos y municipios. Era sinónimo de insolidaridad, de «pobreza», de habitar en zonas depauperadas, de ser casi un esclavo y trabajar en una situación laboral deplorable. Todo ello, además, habitando en unos pisos pequeños, sin servicios en la mayoría de ocasiones y con todo tipo de estrecheces. Los habitantes de las colonias sentían vergüenza de vivir en ellas.
Y llegó la crisis, la última de ellas, la que ha obligado a la mayoría de estas instalaciones fabriles que se habían convertido en pequeños universos, a echar el cierre. Y con él, la pérdida del mantenimiento de los espacios comunes y de los espacios privados, que había estado a cargo de la empresa, y otras ventajas: tener escuelas gratuitas, los productos de primera necesidad a mejor precio en el economato, contar con el huerto a tocar de casa y gozar de ciertos espacios de ocio aunque, eso sí, todo controlado por el amo, el cura y el maestro, éstos como prolongación y hacedores del poder de aquél.
Con la crisis, las empresas vendieron a los trabajadores los pisos que habitaban (en régimen de alquiler y con un contrato ligado al contrato de trabajo) aunque muchos decidieran residir en el núcleo urbano del municipio correspondiente. Y muchos no se vendieron, otros se abandonaron, unos se convirtieron en paraíso de ratas y otros bichos, algunos fueron «ocupados» mientras que algunos bloques dejaron paso a nuevos viales de comunicación.
Hasta que ha llegado el milagro: se han rehabilitado pisos como segundas residencias, existen proyectos de reutilización de viejos espacios, la Administración empieza a tomarse más o menos seriamente eso «de las colonias», algunos empresarios han mostrado interés en distintas direcciones y muchas personas valoran ahora vivir en espacios tranquilos envueltos en grandes dosis de patrimonio cultural, estar cerca y, a la vez, alejados de un núcleo urbano o contar con paisajes naturales de primer orden. En casi todas las colonias catalanas siguen viviendo gentes de cuando todo aquello se regía por la sirena de la fábrica. Ahora, ellos y los nuevos habitantes, se sienten orgullosos de vivir en esos viejos espacios industriales.
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