
AP | Lewis Hamilton rodó ayer en Montmeló, donde aseguró que el McLaren estará perfectamente preparado para el debut de la temporada
Sábado
, 27-02-10
No alcanzó el grado de exclusión social de aquella fabulosa película de Agustín Díaz Yanes, «Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto», pero casi. Lewis Hamilton pasó como una sombra por Montmeló, antiguo feudo de sus desdichas. El director retrataba la lucha de un grupo de mujeres, encabezado por Victoria Abril, por salir de la marginación en un barrio obrero de Madrid. En el final de la pretemporada de Alonso, el público del circuito se olvidó del inglés.
A grandes rasgos, nadie habló de Hamilton en Montmeló. El grado de rivalidad con Alonso se ha ido mitigando con el tiempo y en los albores de esta temporada, la antigua inquina social hispano-inglesa ha remitido hasta llegar a la normalidad en la convivencia en las pistas.
«Son dos grandes campeones que se respetan», suelta Keke Rosberg, antiguo campeón y padre del piloto de Mercedes, que se ha dejado ver estos días por Barcelona.
McLaren representa la eficacia programada, un manual de estilo con sello de denominación inglesa. Precisos, ordenados, metódicos, flemáticos... El año pasado desplegaron una campaña de imagen respecto a Lewis Hamilton para suavizar su relación tirante con España, rescoldos del pasado de Alonso en la potente escudería inglesa. Eventos sociales, entrevistas, presentaciones siempre de la mano de De la Rosa, su cicerone. Ayer en Montmeló, en el primer día de pruebas de Hamilton en el trazado donde fue increpado de forma lamentable hace dos años, se comprobó la eficacia del lavado de cara. Nadie apuntó algún incidente o descalificación fuera de tono. Montmeló era hasta hace bien poco un tormento para el inglés. Estruendosas broncas saludaban cada una de sus salidas a pista. Ayer no. Nadie reparó en él.
Si las pancartas simbolizan algún estado de ánimo tribal, puede colegirse que la afición ibérica y Hamilton han hecho las paces. Los antiguos cartelones contra el inglés han desaparecido en favor del aliento para los españoles. «Fernando, donde tú estés nosotros contigo». «Go, Pedro, go. You´ll never race alone». «Alguersuari, fin la victòria sempre!».
Los invitados de Renault -legión, como siempre en los últimos tiempos- sacan fotos al McLaren de Hamilton, aparcado en el garaje 12. Los vips de Williams miran con un ojo a Hulkenberg y con otro, al británico. Pero desde la grada nadie increpa al piloto McLaren. Silencio total.
Del garaje sale Hamilton y cruza el «paddock» como una liebre. Paso ligero y vista al frente. Sonríe mecánico cuando unos cuantos aficionados le reclaman para la foto, el autógrafo, el apretón de manos... Ni un comentario ofensivo en medio de la jungla.
A diez metros hay una densidad de población que ni en el centro de Shanghai. Una marabunta que espera a que Alonso asome el hocico en el campamento de Ferrari.
Hamilton mira al futuro en sus declaraciones: «Yo siempre soy optimista. Estoy seguro de que el McLaren estará listo para la primera carrera. He mantenido una buena colaboración con Jenson (Button) y creo que el trabajo ha dado sus frutos».



