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Viernes , 26-02-10
Puesto que Martín Campbell, el director de «Al límite», dirigió antes «Casino Royal», el mejor Bond, James Bond, de la serie, hay que mirar con los mejores ojos esta película de intriga policial y de venganza. El guión es de William Monahan, el de «Infiltrados», lo que deja sólo en mal lugar a su protagonista, Mel Gibson, tan menospreciado por la progresía internacional aunque es uno de los más grandes cineastas de la actualidad, probablemente el relevo de Clint Eastwood en todos los sentidos. Mel Gibson es aquí sólo el actor principal, más contenido y profundo, por cierto, que en otras ocasiones y otros personajes aparentemente parecidos, pero impregna con su personalidad la película, para bien o para mal.
La trama es oscura y tiene un arranque demoledor, con una violenta escena que lo convertirá en un justiciero (una vez más), en alguien que luchará contra todos para resolver un asunto que trasciende a sus posibilidades y que atenta contra la CIA, la seguridad del Estado, las grandes corporaciones, los intereses mundiales... Pero, en esta ocasión, la historia mantiene a Gibson en su tamaño adecuado, y en un tono aceptable (bostoniano, como el resto de la historia), y le procura complejidad, anchura y una amalgama de sentimientos contradictorios, desde la dureza a la emoción y de la sed de venganza a la amargura. Hay buenos diálogos y buenas escenas, y le sobran también un montón de planos ya vistos, de soluciones tópicas, recursos banales y sentimentales, de moralejillas y moralejotas. Es una película de ese género, Gibson contra los demás, por muchos y grandes que sean, y dentro de ese género, de las más aseadas.
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