La cárcel como escuela y trampolín
«Un profeta». Tahar Rahim (a la derecha), junto a otro de los reclusos / ABC
Un profeta
Francia | 2009 | 154 minutos | Género- Drama | Director-Jacques Audiard | Actores-Tahar Rahim
Viernes , 26-02-10
Premio del Jurado en Cannes, película europea del año junto a «La cinta blanca», éxito en Francia y candidata al Oscar en lengua extranjera en la próxima ceremonia de Hollywood..., ¿quién le tose a esta película de Jacques Audiard? Sí se me permitirán, al menos, un par de carraspeos.
Es una historia carcelaria, con un protagonista perdido e indefenso en el ambiente más hostil que se pueda uno imaginar, lo cual inevitablemente coloca a «Un profeta» en el mismo estante que otra película muy apreciada aquí, «Celda 211», y a un mismo espectador le pesarán los ciento cincuenta minutos que dura la francesa, un tercio más larga que la española.
«Un profeta» es, no obstante, una película milimétrica, calculada y le procura al espectador una sensación parecida que a su protagonista: se hace morosa, densa, oscura y reiterativa, tal y como ha de sentirse una condena carcelaria. Se repiten escenas, sensaciones, tramas y subtramas con la evidente intención de que uno se embadurne de lo ordinario del tiempo en prisión.
El argumento se centra en la llegada a la cárcel de un joven árabe, analfabeto y aparentemente frágil, quien, mediante la cautela, la intriga, el engaño, la traición y una magnífica mezcla de inteligencia, paciencia y falta de escrúpulos, consigue cuajar y sobrevivir entre las tramas carcelarias y, esencialmente, poner en pie una gran metáfora y una aún mayor paradoja, la de sublimar la prisión, la falta de libertad, como un espacio lleno de «oportunidades» y capaz de convertir a alguien en la «mejor» versión de sí mismo. Como es lógico, la doblez y la dudosa ética del personaje lo mantienen a distancia del corazón del espectador, quien no acaba de identificarse ni con su fragilidad ni con su aplomo y rigidez, y ello le impide a «Un profeta» ser una película cercana, respirable. Es elocuente, y astuta, y reveladora, y fría... Habla, naturalmente, no del interior de una cárcel, sino del mundo entero, o sea, se sale fuera de sus barrotes. Pero, ni eso, ni algunas secuencias terribles, mezquinas o supuestamente oníricas (un fantasma acompaña de vez en cuando al protagonista) te quitan por completo la sensación de que es tan larga como la propia condena de Malik, el protagonista.

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