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«Distinguen entre efectos sobre el tren de rodadura y el suelo del vehículo», según un informe del Estado Mayor
Los talibanes conocen a la perfección los puntos débiles de los blindados BMR que utilizan las tropas españolas en Afganistán y sus rutas de paso. Además, a mayor sofisticación tecnológica en la prevención de los ataques -inhibidores-, oponen métodos más simples y primitivos en la colocación de artefactos: platos de presión para detonar y hasta 15 kilos de explosivos adosados a la distancia adecuada para causar el mayor daño posible. «Distinguen entre efectos sobre el tren de rodadura y el suelo del vehículo», según indica un informe técnico realizado sobre el terreno para el Estado Mayor de la Defensa al que ha tenido acceso ABC y en el que también consta que «los insurgentes» utilizan material de fabricación iraní.
A raíz del ataque sufrido en octubre pasado por la columna de blindados en el que murió el cabo Cristo Ancor Cabello, un oficial de Ingenieros enviado a la zona hizo un pormenorizado análisis sobre lo ocurrido.
Los talibanes causan casi todas las bajas entre las fuerzas de la OTAN, incluidas las españolas, con los llamados IED (artefactos explosivos improvisados, en inglés). Según la descripción del informe, en este caso «el artefacto estaba colocado en el terreno de forma que afectara al vehículo blindado en su parte más débil, es decir, en el suelo del mismo. Para ello colocaron la parte del sistema de iniciación bajo la rodada más al sur de las dos marcadas en el terreno cuando pasó el convoy, esperando que fuera pisado por las ruedas izquierdas del vehículo en su regreso a la base. La carga explosiva estaba adelantada 1,70 metros respecto al sistema de iniciación y colocada en el centro de las rodadas».
La colocación del IED no debió de llevar más de 5 minutos a «dos individuos instruidos» y el enmascaramiento del mismo «es fácil dadas las características del terreno», un arroyo seco, arenoso «con mucho canto suelto». El efecto de la explosión, que abrió un boquete de 70 centímetros de diámetro en el suelo del vehículo fue letal para el cabo tirador, Ancor Cabello, que quedó atrapado entre las piezas metálicas desplazadas. Las ruedas centrales del blindado aparecieron a 40 metros de la pista.
El análisis del cráter de la explosión concluye que los talibanes habían abierto en el suelo un hueco de 1 metro de diámetro y 55 centímetros de profundidad. Dentro habían colocado un plato de presión cubierto por una bolsa de plástico «con la inscripción en negro de WORLD CUP, letras chinas en negro, y dos letras grandes rojas: CU».
«Made in Irán»
Los atacantes habían empleado como fuente de alimentación una batería de motocicleta de 12 voltios marca Lazer y el cableado era de fabricación iraní. El informe detalla la inscripción: «Khorasan Simin Electric IND CO», «MADE IN IRAN». El explosivo «de circunstancias» estaba compuesto por Nitrato amónico -unos 15 kilos- más otra cantidad menor «de explosivo rompedor utilizado como multiplicador».
En el informe se concluye que el objetivo del artefacto era causar con la explosión «el mayor daño posible»: «La colocación de la carga es una prueba de ello y de que distinguen entre efectos sobre el tren de rodadura y el suelo del vehículo». Los talibanes procuran que sus cargas produzcan bajas mortales, más que destruir los blindados, y saben dónde hacen más daño.
Los BMR, según los técnicos, no están preparados por resistir cargas superiores a 5 kilos de explosivo rompedor o de 10 kilos de material «tipo ANFO» si están colocadas justo debajo.
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