Una nueva especie de cocodrilo, en Zamora
Luis Alonso (izquierda y Emiliano Jiménez, profesor y responsable de la Sala de las Tortugas de la Facultad de Ciencias de la Usal, la nueva «casa» de esta especie. DAVID ARRANZ
Un hallazgo de 40 millones de años
Una parte del cráneo hallado en un buen estado de fosilización cuenta con una longitud aproximada de 20 centímetros, lo que ha permitido a Alonso Andrés hacer un cálculo de la envergadura total del animal, que podría haber alcanzado los 160 centímetros.
Junto a la cabeza se han encontrado también varias vértebras, localizadas a unos 35 centímetros de la masa principal.
Este cocodrilo vivió en la zona hace 40 millones de años.
Publicado Jueves , 18-02-10 a las 19 : 41
Luis Alonso Andrés y su hijo Luis son dos apasionados de la geología y la paleontología, una afición les llevó a descubrir hace dos años los restos de un cocodrilo en la localidad zamorana de Corrales del Vino. Un hallazgo que ahora ha sido valorado por los expertos como una nueva especie que viene a completar la pirámide trófica de la cuenca del Duero.
Pese a que hoy nos puede parecer extraño y sorprendente, la existencia de cocodrilos en la cuenca de este río era muy habitual, e incluso, tal y como explica el responsable de la Sala de Tortugas de la Universidad de Salamanca, Emiliano Jiménez, los fósiles más antiguos del terciario en esta cuenca son los de los cocodrilos.
En el Duero
En el estudio recién publicado en el que se analiza el descubrimiento se establece que la nueva especie se llama «Duerosuchus Piscator» debido al ámbito geográfico donde fue hallada, junto al río Duero, y a la morfología del ejemplar que vivió hace unos 40 millones de años en el eoceno medio. La mandíbula de esta nueva especie, que se ha hallado casi perfecta, sugiere, tal y como asegura Alonso Andrés orgulloso, que se trataba de un ejemplar con aptitud para la caza de peces.
Jiménez comenta que cuando se encontraron las otras especies «vimos y nos dimos cuenta de que tenía que haber otro cocodrilo para completar la pirámide, pero no teníamos evidencias hasta que lo encontraron». Para ello, «Luis padre y Luis hijo han removido tierra durante muchos años hasta que lo han encontrado».
Por afición
El descubridor asegura orgulloso que la sensación de hallar unos restos y de la calidad de estos «no se puede describir»; aunque «hacemos esto por afición, siempre intentas encontrar lo que buscas, aunque es muy difícil y son muchas horas y días infructuosos, además de los permisos que hay que sacar y el dinero que cuesta una excavación».
Las piezas, que corresponden principalmente a la cabeza del depredador, se hallaban en una zona arcillosa y de ellas el director de la Sala de Tortugas y catedrático de la Universidad de Salamanca, Emiliano Jiménez, destaca el «buen estado de fosilización en el que se encuentran».
Se trata de parte del cráneo de unos 20 centímetros y que, según Luis, correspondería a un ejemplar adulto que podría haber alcanzado unos 160 centímetros de longitud. Junto a la cabeza se han encontrado también varias vértebras, localizadas a unos 35 centímetros de la masa principal.
Luis Alonso Andrés comenta que encontrar los restos supuso «una alegría muy grande y también una gran responsabilidad» porque, conocedor como es de este trabajo, sabía que se iniciaba una dura labor de estudio y tratamiento de las piezas para evitar que se descompusieran una vez sacadas del lugar en el que han permanecido durante 40 millones de años.
«Aunque no somos geólogos», matiza Alonso, «comprendemos la importancia de este hallazgo». Importancia avalada por los estudios de Jiménez, quien asegura que el nuevo cocodrilo formará parte de la historia de los estudios de este tipo de especies.
Una nueva especie de cocodrilo, en Zamora
Restos fósiles del cocodrilo del Duero. D. ARRANZ
El hecho de que la mayor parte de los restos hallados tanto por los equipos de la Universidad de Salamanca como por aficionados como Alonso y su hijo se hayan fijado en la provincia de Zamora responde a la circunstancia de que los estratos de esta provincia son más antiguos que los de la salmantina.
Jiménez comenta, en este sentido, que hay que tener en cuenta que durante la época del eoceno medio, estas especies, sobre todos los cocodrilos y las tortugas halladas, vivían en la Cuenca del Duero porque allí existía una temperatura tropical, «ya que está comprobado que un cocodrilo no puede vivir a menos de 18 grados ni un mes, porque muere».
Toda una colección de fósiles
La Sala de Tortugas de la Universidad salmantina posee una interesante colección de cocodrilos fósiles, de los que hasta este hallazgo, existían representantes de tres géneros, aunque había indicios de la existencia de dos más. El papel de estos animales en la Cuenca del Duero fue muy importante durante el Terciario Inferior. El «Asiatosuchus» fue el gran depredador de los ríos, con especial predilección por las tortugas blandas.
El responsable de la Sala de Tortugas, Emiliano Jiménez explica que los cambios climáticos y la competencia cada vez mayor con los mamíferos provocaron la desaparición de estos reptiles en estas latitudes ahora zamoranas, donde fueron dominantes durante largos periodos.

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