El 17 de febrero de 2008, los albano-kosovares veían la luz a un túnel por el que habían visto desfilar los cadáveres de 12.000 compatriotas con la declaración de una independencia no acabada que sigue siendo motivo de disputa internacional
Actualizado Lunes , 08-03-10 a las 19 : 30
El 17 de febrero de 2008, hoy hace justo dos años, los albano-kosovares veían la luz a un túnel por el que habían visto desfilar, diez años antes, los cadáveres de 12.000 compatriotas, según las cifras de la ONU, a causa de la política de limpieza étnica llevada a cabo por Slobodan Milosevic, el «carnicero de los Balcanes». El Parlamento de Kosovo proclamaba unilateralmente la independencia, y el sueño de aquella «Gran Serbia», por la que tanta sangre se había derramado, se esfumaba definitivamente.
«Portadas y artículos albaneses hacían referencia ayer al fin del sueño panserbista, nacido en la resaca romántica del siglo XIX y coronado con la conquista de Kosovo en 1913», contaba ABC el mismo día en que miles de albano-kosovares invadían las calles con los nuevos símbolos estatales y se concentraban frente al Parlamento, en Prístina, para celebrar el nacimiento de la nueva nación.
La proclamación unilateral en el Parlamento se produjo a pesar del boicot de los diputados de las comunidades nacionales más pequeñas, incluidos los serbios, que representaban a una población de tan solo 120.000 habitantes, frente a los casi dos millones de albaneses. La provincia kosovar seguía, de esta forma, el camino iniciado en 1991 por Eslovenia, Croacia, Macedonia, Bosnia, Montenegro y la propia Serbia, «cerrando el sexto y último capítulo de la prometedora pero pésima novela que resultó Yugoslavia».
Kosovo, dos años de independencia inacabada
Miles de albano-kosovares celebran la independencia en Pristina
Inmediatamente después de que el presidente del Parlamento, Jakup Krasniqi, declarara a la provincia como «un Estado independiente, soberano y democrático» –con el voto de los 109 diputados presentes–, el primer ministro de Serbia, Vojislav Kostunica, atacaba con dureza a Estados Unidos, la Unión Europea y la OTAN, rechazando la independencia y anunciando que el Gobierno de Serbia anularía todos los documentos redactados en su territorio por «un falso Estado». «Serbia no reconocerá jamás la independencia de Kosovo», aseguraba, por su parte, el presidente serbio, Boris Tadic, minutos después.
Cumplidos hoy los dos años, la disputa no se ha cerrado y la República de Kosovo sufre aún una crisis de identidad, intentando consolidarse como un país viable, frente a una Serbia que continua denunciando lo que considera una clara ilegalidad.
La comunidad internacional, también dividida, se hace la misma pregunta: ¿joven Estado soberano o provincia separatista? Un total de 65 países han reconocido oficialmente la independencia, como Estados Unidos y la mayoría de los socios de la Unión Europea; otros han expresado su neutralidad, mientras unos pocos se niegan a aceptarla, entre los que estarían Rusia, China, India, Brasil y, además, España, temerosa de sentar un precedente en el que se refugien los independentistas vascos y catalanes.
«El caso de Kosovo no es comparable», «el proceso es irreversible y esperamos que España se una a la mayoría de la UE» y «España está retrasando nuestro reconocimiento e ignorando la realidad democrática de Kosovo» fueron algunas de las declaraciones que hizo a ABC, hace menos de tres meses, el primer ministro de kosovar, Hashim Thaçi, apodado «Serpiente» cuando en la guerra se encargaba de buscar financiación en Suiza párale Ejército de Liberación de Kosovo.
«A las 15:30 del domingo y a menos 10 grados bajo cero, con sol cegador y un vengativo viento montañés que parecía salir de la tumba del príncipe Lázaro –relataba ABC–, Lumturije daba a luz una niña en la Maternidad de Prístina. Es aparentemente sana, ha pesado 3,1 kilogramos y la llamará Pavaresia, “independencia”», explicaba la jefa de ginecología, ignorante aún de que, 12 años después del levantamiento guerrillero del Ejército de Liberación de Kosovo, 11 de la intervención de la OTAN –que se hizo cargo de la administración del Estado para frenar los crímenes de Milosevic– y dos desde la proclamación de la independencia, el país, pesadilla de la «Gran Serbia», seguiría siendo motivo de disputa.

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