Sobre del 28 de junio de 1954 enviado a Gunilla Von Post por John F. Kennedy / AP
Actualizado
Martes
, 16-02-10 a las 20
:
14
Se llama Gunilla von Post y tiene todos los atributos que hacen a las suecas tan atractivas. Es rubia, alta, con piel transparente, ojos azules, pómulos y un aire delicado muy a lo Ingrid Bergman. Esta nórdica, hoy una dama de cierta edad, mantuvo una relación secreta con el presidente Kennedy que comenzó unas semanas antes de su matrimonio con Jacqueline Bouvier y continuó muchos años después. Esa relación está documentada en varias cartas de amor y algunos telegramas que la sueca ha conservado en una caja fuerte... Hasta hoy, cuando esta correspondencia ha pasado a la custodia de la Casa de Subastas online Legendary Auctions, que la pondrá a la venta en breve. Con un precio de salida de 25.000, se espera termine en una suma millonaria.
Gunilla conoció al entonces senador Kennedy en 1953 en la Riviera francesa cuando él tenía 36 años, y ella 21. Fue entonces cuando surgió el flechazo. Se enamoraron perdidamente, estuvieron juntos bailando toda la noche y se despidieron con un ardiente beso. Aunque el 12 de septiembre de ese mismo año JFK se casó con Jackie, no pudo olvidar a su «Swedish girl» y retomó la relación días más tarde.
A lo largo de los años el presidente escribió apasionadas cartas a Gunilla von Post con frases como «Mi niña sueca: Todo lo que hago es mirar al mar y pensar en ti», o «me gustaría navegar por el Mediterráneo un par de semanas contigo como equipaje», y cosas parecidas. La pareja, que se vio en secreto en alguna ocasión, pasó una semana de amor y rosas en el sur de Suecia y tuvo un último encuentro en el hotel Waldorf Astoria de Nueva York.
Gunilla von Post, que reside una parte del año en Suiza y la otra en Estados Unidos, mantuvo la discreción, sin desvelar un solo detalle de la pasión que la unió con John F. Kennedy hasta 1997. Entonces escribió y publicó un libro de memorias que tituló «Love, Jack», obra que al parecer desapareció rápidamente de las librerías.
Las cartas inéditas del presidente Kennedy, escritas de su puño y letra, han sido hasta hoy un secreto de Estado.



