
ERNESTO AGUDO
Domingo
, 14-02-10
Esplendor en los campos de Madrid. Un sol de primavera ha puesto bridas al carnívoro invierno. Nos citamos en «El Tomillar», la finca de José Vázquez. A paso de procesión, la figura de Cayetano esculpe juegos de luces y sombras sobre la tierra. Ataviado de modo impecable, cuida hasta el mínimo detalle: botos y gorra camperos, calzona gris y una camisa tan blanca como su sonrisa, herencia eterna de su padre. Su mirada albahaca retrata a Paquirri; su torería al andar evoca a su abuelo.
En la placita de tientas el aroma Ordóñez embriaga el ensayo antes de su arranque de temporada. Con la mente serena y con un empaque egregio se templa al compás de la nobleza de las vacas. Curro Vázquez, su apoderado y su tío, apunta lecciones de maestro. «Si está así con el toro, va a ser su año», se oye. Reto a lo grande de un artista de dinastía: presentación como matador en Sevilla, dos tardes en Madrid, paseíllos en Castellón y Valencia, contactos para torear en Bilbao y San Sebastián, pensamientos para rondar la Pamplona que inspiró a Hemingway, regreso a Barcelona...
Por la Monumental catalana siente especial inquietud. Le duele la embestida mansa de los políticos contra sus propias raíces mediterráneas. «Con todo lo que ocurre allí, cada vez que me visto de luces en Barcelona lo hago con mayor motivación para defender mi cultura, mis pensamientos y mis ideales», afirma. Nos adentramos en la jungla de la hipocresía política -el «sí» a los correbous, granero de votos, y el «no» a las corridas- y en la cornada a la Fiesta, la cultura y la libertad.
-Tras la puerta de chiqueros asoma una prohibición. ¿Cómo se ve desde los medios?
-Lo veo como un retraso. En el futuro que imagino, este paso atrás me da mucha tristeza. Hemos hecho grandes avances, como en el Ejército, pues ya no es obligatoria la mili; la libertad de sexo, incluso para casarse... Me sorprende este retroceso en la democracia. Respeto a todo el mundo, pero lo que no comparto son las formas de algunos antitaurinos, su agresividad y su violencia.
-¿Corre peligro la libertad?
-Lo que no entendería nunca es que pudiesen llegar a prohibir un espectáculo al que nadie está obligado a ir.
-Maestros como el catalán Joaquín Bernadó lamentan «una vuelta a la dictadura...»
-Es que esto no se comprende. Me sorprende mucho en el país en el que vivimos. Va contra la democracia. Además, con todos los problemas que acechan al país, ¿sabe lo que creo?
-Adelante.
-Parece una cortina de humo. Toda la importancia que le dan, cuando hay temas mucho más preocupantes en España, como la crisis económica, es como para distraer la atención y taparlos...
-Ha mencionado España. Con la «Iglesia hemos topado, amigo Sancho», que diría don Quijote...
-En Cataluña, la Fiesta está considerada como una defensa de España, precisamente lo contrario a lo que algunos buscan.
-Belmonte ya auguró que algún día un gobierno socialista prohibiría los toros...
-Creo que el Gobierno debería hacer algo. Aunque aquí el paso fundamental es uno: un cambio del Ministerio del Interior a Cultura.
-Nadie se ata los machos para conquistar esa meta...
-Quizá nunca se haya planteado en serio. Tengo la intención de hacer todo lo posible para que así sea. Aparte de que el toreo es cultura, sería un buen lugar adonde dirigirse para contar nuestros problemas. El mundo del toro se siente muy desamparado. Antiguamente estaba en Interior porque la Fiesta movía a las masas y se controlaban todos los movimientos, pero hoy en día nuestro sitio se halla en Cultura. Todos debemos unirnos para lograrlo. Me gustaría que la asociación de los toreros, Taura, lleve a cabo los pasos precisos para trasladarnos a Cultura, donde, repito, deberíamos estar. Ha llegado la hora.
-La hora de la verdad marca su reloj: se anuncia en las principales ferias. Usted siempre se ha crecido en los desafíos fuertes.
-Apuesta fuerte y bonita, porque en los grandes escenarios me siento más torero. He tenido que ceder con mis ideales para anunciarme en algunas ferias, pero era el momento de estar ahí.
-¿Ha hecho las paces con la televisión?
-Los derechos de imagen del torero no están defendidos como deberían, aunque a veces hay que ceder en unas cosas para ganar en otras. Eso de que hay el mismo presupuesto para todas las corridas no es normal, no se lo cree nadie. Otra cosa es que hayan sacado esos números y les vengan bien a los que lo hacen. Pero ni lo veo normal ni lo entiendo.
-Año nuevo también porque compartirá apoderado con Morante de la Puebla, después de la polémica por la Medalla de Bellas Artes. ¿No le importa?
-Tratándose de Curro Vázquez, y sabiendo lo que él significa en mi carrera, si es bueno para él, yo me alegro. Esto es una novedad para mí, pero sobre todo para Curro, que tendrá doble trabajo.
-Ambos estrenan su temporada en el Palacio Vistalegre en un cartel que ha desatado gran expectación y morbo.
-Imagino que habrá quien lo tome así, pero para mí todos los compañeros son igual de rivales. Mi principal reto ha sido siempre superarme a mí mismo. Si lo hemos compartido antes, lo normal es que lo compartamos también ahora. Morante y yo somos toreros con un concepto parecido y es lógico que queramos las mismas corridas y coincidamos. Pero en la mayoría no torearemos juntos.
-También hará el paseíllo a su lado en un cartel estelar en la Feria de Abril. De novillero cortó dos orejas y dejó un ambiente extraordinario. ¿Qué significa este debut de matador?
-He tenido que ceder en el tema de los derechos de imagen, pero quería vivir una tarde la sensación del patio de cuadrillas de la Maestranza. Ojalá pueda disfrutar de esa magia que sólo existe en Sevilla. La Puerta del Príncipe sería como tocar el cielo.
-¿Tiene previsto torear alguna tarde con José Tomás?
-Él torea poco y al empresario le cuesta juntarnos.
-En Madrid se anuncia en dos corridas extraordinarias: la Prensa (con Perera y El Juli) y Beneficencia (con Morante). ¿Cómo afronta este reencuentro?
-Con gran responsabilidad, por lo bien que me sentí en mi confirmación y por el respeto de su afición. Son dos corridas especiales y espero estar a la altura de las expectativas. Madrid es una plaza de entrega absoluta. Se pasan muchos miedos, pero verla crujir es estremecedor. Ya la tengo en mente, es la que más me preocupa. Como decía mi abuelo, hay cuatro o cinco tardes a lo largo de la temporada en las que no importa ni la vida...
Se hace el silencio. Suena cruda la sentencia. Su mirada verde navega rumbo a otros mares y se ancla en el pasado. «Esta profesión es así de bonita y de dura», irrumpe como una ola.
-¿No teme a nada?
-Mi familia dio su vida por el toro y mi padre incluso la perdió. Por eso siempre he intentado estar a la altura de las expectativas y, si es posible, engrandecer más aquello por lo que ellos vivieron.
-El pasado verano hubo un bombardeo en torno al 25 aniversario de la muerte de Paquirri, con serie de televisión incluida. ¿Fue más amargo?
-No fue para nada agradable, pero es duro 25 años después y 50. La serie ni la vi entonces ni la veré. Tampoco volveré a torear en esa fecha; el año pasado lo hice y no me gustó nada aquella sensación. Tuve una carga emocional añadida.
-¿Es supersticioso?
-Procuro no serlo, aunque tengo mis manías.
-¿Creyente?
-A mi manera. Llevo una capilla con cosas que la gente me ha regalado con cariño. Me aporta buenas energías.
-Con los miedos dormitando en invierno, ¿despierta ahora el valor agigantado?
-Vuelven el valor y el miedo, pero también la ilusión y la esperanza de disfrutar de grandes emociones. Tenga en cuenta que empecé con una edad en la que ya era consciente de todo y tomándome la profesión muy en serio. El miedo y el valor son libres, y cada uno puede coger el que quiera. Si se pretende estar en lo máximo, uno tiene que estar dispuesto a sacrificar todo.
-¿Se ha arrepentido alguna vez de emprender esta aventura?
-Gracias a Dios, no.
-¿Le ha cambiado mucho la vida?
-Completamente. Esto es más que una forma de vida, es una creencia, casi una religión. Soy feliz como estoy.
-¿Es importante la estabilidad emocional delante del bravo?
-Muchísimo. A lo largo de toda la temporada es difícil, porque todos tenemos nuestra vida y es normal que tengamos días mejores y peores. Pero estar en paz es importante, puesto que en el ruedo improvisamos en tiempo real y hay que estar concentrado.
-Defina el toreo.
-Es el espectáculo más real. Representa la vida y la muerte. Es como la vida misma. Todos los toreros somos artistas de una u otra forma.
-¿Siente que se ha perdido esa imagen de los hombres de luces como héroes?
-Antes estaba más considerado porque había menos competencia con otros espectáculos. Pero éste no tiene parangón con ninguno. Se ha perdido el conocimiento y no se valora de la forma debida. Detrás de una faena hay sacrificio, entrega, valor, sobreponerse a dificultades.
-Ha sido duramente castigado por los toros. ¿Qué es más importante para volver: la preparación física o la mental?
-Te recuperas antes de la cornada que de lo que te deja anímicamente. Si estás preparado para matar una corrida, el ochenta por ciento es mental. Hay que pensar en el toro las 24 horas del día toda la semana... cuatro semanas.
-¿Qué arma emplea para ahuyentar los temores el día previo al compromiso?
-Me voy a una exposición o al cine. Siempre ceno en el hotel,veo una película e intento descansar, aunque cuesta dormir.
-¿Cómo es su convivencia con la soledad, compañera inseparable del torero?
-No me considero persona de mucho barullo, ni antes ni después de la corrida. Me gusta estar con mi gente o solo.
-¿Pesan mucho todas las sangres que aúna usted como representante de varias dinastías?
-Siempre es una responsabilidad, pero también una gran motivación. Estar a la altura de lo que cada uno ha sido es un reto y un gran orgullo. Ellos han sido genios.
-Su hermano Francisco dice que cada día se siente más Paquirri; en su caso, siempre se ha cantado su majestad ordoñista. ¿Con qué línea se identifica más?
-Con poco que me pudiese parecer a cada uno de ellos iría por buen camino. Pero es verdad que el concepto de mi hermano y sus faenas están más basadas en lo que era mi padre. Semejarme a mi abuelo sería tocar el cielo y la gloria... Pero sí, quizá Francisco y yo tiramos hacia ramas distintas.
-¿Le gusta compartir cartel con él?
-Me hace ilusión, sobre todo en Ronda, pero por otra parte paso más miedo. De niños jugábamos al toro y me trae muchos recuerdos...
Viaje al ayer. Remembranzas de su padre, de su abuelo... Todos resucitan hoy en el toreo de Cayetano.

