Publicado Sábado , 13-02-10 a las 12 : 24
Cuando Giulio Andreotti dijo aquello de, «el poder sólo desgasta a quien no lo tiene», no debió acordarse de Argentina. La segunda economía de América del Sur es rica en casos de presidentes enfermos o muertos mientras ejercían el poder.
Cuatro de ellos se dejaron la piel en el cargo: Manuel Quintana (1835-1906), Roque Saénz Peña (1851-1914), Roberto Marcelino Ortiz (1886-1942) y Juan Domingo Perón (1895-1974). Otra media docena, entre los que figura Néstor Kirchner cuando ocupaba oficialmente el cargo, sufrieron sacudidas de salud que dejaron al país al borde de un ataque de pánico.
La lista de los enfermos más recientes, después de Kirchner, la encabeza Fernando de la Rúa. El ex presidente que tuvo que salir volando –en helicóptero- de la Casa Rosada en diciembre del 2001, sufrió durante su Gobierno un neumotórax y «dos obstrucciones parciales en la arteria coronaria derecha».

Kirchner, enfermo y soloEl neurólogo y periodista Nelson Castro, recoge el episodio en un magnífico libro titulado: «Enfermos de poder. La salud de los presidentes y sus consecuencias». En él observa que Carlos Menem padeció, en octubre de 1993, el mismo cuadro clínico que Kirchner. La diferencia entre un caso y otro podría ser el tipo de visitas que recibían. Por el hospital de Menem, además de su familia y el Gobierno, pasó una gitana que le leí las manos, empresarios y buena parte de la oposición.

Por la Clínica de los Arcos, donde Kirchner estuvo esta semana internado sólo hizo escala su familia y el Gobierno. La misma escena, pero sólo con los que le unen lazos de sangre, se había visto el 8 de abril del 2004. Ese día el presidente Kirchner tuvo que ser operado de urgencia de «una gastroduodenitis erosiva. Es decir, una inflamación aguda del estómago y del duodeno», explica Castro. Padece colón irritable, una enfermedad que no tiene cura, y se había auto medicado con «Ketorolak, un potente antiinflamatorio” después de someterse a «un tratamiento de conducto previo en el odontólogo».
A Roberto Viola (1924-1994), ex jefe de las Juntas Militares de la última dictadura (1976-83), su debilidad política, militar y «una crisis hipertensiva» le terminarían costando el puesto. Poco afortunado con la salud, al menos a Viola no le sucedió lo que a Perón (1895-1974). Después de padecer durante años complicaciones de próstata, afecciones de pulmón y corazón, el general cerró los ojos a la vida y a su último Gobierno (1973-1974). De cuerpo presente ni muerto descansó. El «Rasputín» del régimen, José López Rega, «le tomó por los tobillos y comenzó a sacudirle mientras decía: Faraón, siempre le dí mis energías. Volvamos como antes». Imposible la resurrección, la mejor fórmula para los enfermos de poder puede que sea la que le recomendó el ex presidente Eduardo Duhalde a Kirchner en el 2004: Hay que cuidar la máquina.

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