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«El Gobierno de Malí puede ejercer más presión» militar, política y social para que liberen a los rehenes, afirma Maiga. Cree que el rescate del «Alakrana» hizo a los españoles en moneda de cambio
«Malí debe exigir la liberación incondicional y sin pagar de los rehenes»
Soumeylou Boubeye Maiga, ayer, durante su entrevista con ABC
«Estamos ante una política internacional que está contra el pago de rescates y la impunidad de los terroristas, lo que hace que sean cada vez más difíciles las liberaciones respetando el derecho internacional», afirma Soumeylou Boubeye Maiga, ex ministro de Defensa y ex jefe de los servicios secretos de Malí, en una entrevista concedida a ABC.
«Este es -desde el punto de vista de este especialista- el dilema al que se enfrenta el estado de Malí, que debe exigir la liberación incondicional y sin pago de rescates de los rehenes».
Maiga, de 55 años, se refiere en concreto a los cinco millones de dólares que los terroristas reclaman por la libertad de los españoles Albert Vilalta, Roque Pascual y Alicia Gámez, secuestrados el 29 de noviembre en Mauritania y retenidos ahora en el norte de Malí.
El papel de Libia
Como en bastantes secuestros anteriores, la ONG de Seif el Islam, el hijo del líder libio, Muamar el Gadafi, podría encontrarse detrás del pago de esa cantidad. «Ya lo han hecho en otras ocasiones», comenta Maiga. Libia «puede animarse a hacerlo por sus relaciones con Malí o con España. O puede hacerlo también porque quiere obtener cierta responsabilidad en la estabilidad del Sahel y ganar influencia en la zona».
«Creo -prosigue el ex ministro- que son operaciones en las que entran en juego muchos actores y lo único que deseo es que no se ponga en peligro la situación de los rehenes». El ex jefe del espionaje evoca asimismo el secuestro del pesquero «Alakrana» a finales de 2009 frente a las costas de Somalia y la forma en que fue liberado. «Esto ha convertido a los españoles en moneda de cambio. Los que han secuestrado (a los tres cooperantes) tienen la misma ideología y los mismos fines que los somalíes. Piensan que determinados países pueden fácilmente pagar rescates por sus rehenes».
«Tampoco podemos entrar en un sistema de intercambio de rehenes por terroristas», añade el experto en respuesta a la exigencia de liberar a varios presos yihadistas que Al Qaida ha puesto como condición para soltar a un rehén francés y a uno italiano que se encuentran en la misma zona.
Presionar más
Maiga piensa que «el estado de Malí puede ejercer más presión para que los liberen». «Al Qaida no está interesada en entrar en confrontación directa con Malí porque tienen que mantener sus bases y su infraestructura y ahora mismo no cuentan con una alternativa en esta zona del desierto», sostiene este especialista en todo lo que se cuece en el desierto del Sahel, aunque asegura que no forma parte del equipo de negociadores que mantienen contacto directo con los terroristas.
«¿Qué presión se puede hacer a nivel político, militar o social? Debe ser una combinación de todas ellas».
Cuando Maiga habla de presión «social» se refiere a la importancia que tradicionalmente tienen los líderes de la población del norte a la hora de hallar una salida a los conflictos y los secuestros.
«Los jefes de tribu saben lo que pasa en su territorio. El estado los utiliza a todos para obtener las liberaciones de los rehenes o para poner fin a los conflictos que surgen por el control de los diversos tráficos, por esto hay que ejercer presiones no sólo a nivel de la tradición sino también militar. Esta presión puede ser ejercida por distintos países».
Bodas de conveniencia
Es sobre esas tribus y esa población local, a menudo nómada y pobre, sobre la que el antiguo Grupo Salafista para la Predicación y el Combate (GSPC) de Argelia ha basado su estrategia de expandirse hacia el Sahel, especialmente en el desierto malí, ya bajo el nombre de Al Qaida del Magreb Islámico (AQMI).
«Hemos constatado desde los años 90 que distintos líderes del Magreb o de otros países africanos llegaron a esta zona para traficar con tabaco, armas, coches o emigrantes y empezaron a trabar relaciones con los locales por medio de matrimonios de conveniencia. Lograron de esta forma complicidad y protección», concluye el ex ministro.
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