
El pleno del Parlamento Europeo rechazó ayer el acuerdo provisional firmado entre la Unión Europea y Estados Unidos que permitía a las autoridades norteamericanas acceder a los datos sobre transferencias bancarias realizadas en Europa para usos relacionados con la lucha antiterrorista.
La Eurocámara ha estrenado con estruendo los nuevos poderes que le ha otorgado la entrada en vigor del Tratado de Lisboa y ha provocado una crisis institucional y diplomática, nada menos que con Estados Unidos. Los diputados de todos los grupos políticos han rechazado la petición de la presidencia española para aplazar este dictamen y seguir negociando con Washington en los términos que la cámara exigía y han preferido dar un portazo a un texto que a su juicio no respeta la intimidad de los ciudadanos y se firmó sin haber tenido en cuenta la opinión de la Cámara.
Como decía el eurodiputado socialista español Ramón Jáuregui, hasta ahora el Parlamento Europeo se dedicaba poco más o menos que «a escribir cartas a los Reyes Magos» aprobando interminables resoluciones sobre los divino y lo humano sin que estas comprometiesen a nadie más allá de los gestos.
Con esta decisión, tomada por una contundente mayoría de 378 votos a favor de anular el acuerdo frente a 196 que lo respaldaron y 31 abstenciones, la cámara de Estrasburgo ha sentado carta de naturaleza como un actor esencial en las decisiones de las instituciones europeas.
La encargada del informe que finalmente ha sido aprobado, la liberal holandesa Jeanine Hennis-Plasschaert, dijo que el Consejo europeo «no fue lo suficientemente exigente» en lo que se refiere a la protección de los datos cuando negoció el acuerdo con Estados Unidos y se preguntó si el legislativo norteamericano hubiera aprobado un acuerdo en el que se entregan a otro país sin garantías de confidencialidad datos de la vida privada de sus ciudadanos».
«El acuerdo es sencillamente un mal acuerdo que viola la legislación europea y el Parlamento no podía ser en ningún caso cómplice de una cosa así», sentenció.
Aunque el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, dijo en Bruselas -donde participó en el consejo informal extraordinario- que lamentaba el resultado de la votación «que no puede afectar a la relación con EE.UU.», la mayoría de los diputados socialistas españoles se abstuvieron puesto que no pudieron lograr que el resto de sus correligionarios europeos aceptasen sus tesis favorables.
También entre las filas de los populares hubo muchos votos negativos, sobre todo los alemanes, frente a los que mantuvieron que era mejor no interrumpir este mecanismo de intercambio de información mientras se negocia el nuevo tratado.
«Un fracaso» de España
Jaime Mayor Oreja dijo que el resultado de la votación había sido «un fracaso de la presidencia española», representada por el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, cuyos esfuerzos del miércoles en el pleno del Parlamento no han tenido ningún éxito.
La Comisión Europea, que también apoyaba el mecanismo de transferencia de datos a las autoridades norteamericanas, también «lamentó» el hecho de que fuera rechazado.
El acuerdo entró en vigor el pasado 1 de febrero pendiente de su ratificación por parte del Parlamento Europeo, pero sólo tiene una vigencia de nueve meses, de manera que los responsables del Consejo estaban obligados de todos modos a empezar a negociar su prórroga inmediatamente.
Muchos parlamentarios no quisieron aprobar el texto porque pensaban que de ese modo debilitaban las posiciones negociadoras de la UE. El riesgo es que Estados Unidos y los países europeos negocien individualmente, lo que anularía la presencia europea en este aspecto. EE.UU. ha hecho presiones diplomáticas inéditas para intentar que el acuerdo fuera aprobado y ahora, según sus portavoces en Bruselas, «analizan la situación» para estudiar cuál va a ser el siguiente paso.




