Actualizado Viernes , 12-02-10 a las 09 : 06
«La computadora no me vencerá hasta el próximo milenio», prometió en 1997 un soberbio Garry Kasparov, el genio ruso considerado el mejor jugador de ajedrez de la Historia, justo antes de ser derrotado por «Deep Blue». Error humano, cansancio, stress, demasiada confianza en sí mismo… el caso es que la supercomputadora de 12,7 toneladas, creada por IBM, se convirtió en la primer ordenador capaz de vencer a todo un campeón del mundo de ajedrez.
Este fue el segundo enfrentamiento hombre-máquina. El primero se produjo un año antes, en mayo de 1996, contra un «Deep Blue» de 256 procesadores capaz de calcular «solo» 100 millones de jugadas por segundo, que no fueron suficientes para acabar con ajedrecista ruso, en un marcador final de 4-2. «Kasparov gana en nombre de la especie humana», decían aliviados los periódicos estadounidenses.
Pero en 1997, para sorpresa general, las cosas fueron diferentes. «Deep Blue» arrasó al campeón del mundo en la última partida de las seis que habían jugado en mayo de ese año, imponiéndose en el computo general por 3,5 a 2,5. «El estupor fue general. Público, aficionados, maestros y seguidores de la partida a través de internet, en todo el mundo, no podían dar crédito a lo que estaba pasando en la sexta partida del encuentro entre la máquina y el hombre» contaba ABC.
La inteligencia «artificial desafiaba» y se imponía a la «inteligencia natural», gracias a una base de datos que contenía un millón de partidas almacenadas y el trabajo de una legión de los mejores científicos, ajedrecistas y teóricos de las últimas décadas, que hacían posible que la máquina fuera capaz de calcular 200 millones de jugadas por segundo –«más que Kasparov en toda su vida»–, es decir, 50 millones de posiciones en tres minutos, que es el tiempo medio que un jugador utiliza para decidir un movimiento.
«El ordenador todavía no ha demostrado nada. Si hubiéramos jugado una auténtica partida de competición puedo asegurar que hubiera dado buena cuenta de “Deep Blue”», aseguraba un Kasparov que parecía no haber aceptado de buen grado su derrota, a pesar de haberse embolsado con el reto 400.000 dólares, por los 700.000 (84 millones de pesetas) que fueron a parar a los creadores de la computadora.
La prensa, sin embargo, habló de «humillación», «derrota sorprendente», «dominio táctico del ordenador notorio» en este segundo enfrentamiento, aunque las críticas por parte del perdedor no fueron escasas, centrándose, principalmente, en las actuaciones de IBM tras la partida. Kasparov argumentaba que «Deep Blue» fue desmantelada rápidamente, que no se aceptó la revancha que pedía y que tampoco se le entrego al jugador el informe detallado que había pedido del segundo juego, en que había sido derrotado, asegurando, además, que se había hecho trampa durante el la partida.
El caso es que, en aquella ocasión, 32 nodos, 512 procesadores, 16 procesadores específicos de ajedrez y dos «superchips» supervisores fueron demasiado para uno de los cerebros más privilegiados que haya dado el ajedrez… el de el «genio de Baku».
«Es natural que los ajedrecistas piensen que la aptitud para el ajedrez es sinónimo de gran inteligencia e incluso genialidad. Desgraciadamente, hay pocas pruebas que avalen esta teoría», dijo en 2007 este defensor del pensamiento humano frente a la frialdad de las máquinas, por «la habilidad de combinar creatividad y cálculo, arte y ciencia» que tiene el ser humano.

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