
«Cuando se te suicida un paciente, fracasas absolutamente»
—Yo tenía que advertir a todos los hospitales. No me funciona el móvil. Me invitan a pasar a otro edificio para avisar al Bellevue. Cuando estoy hablando con el jefe de ese hospital cae la primera torre y mata a todos, incluido el Jefe de Bomberos. Me libré por minutos. Eso fue duro, pero más duras fueron las horas, días, semanas en que la gente buscaba a sus seres queridos en los hospitales. Aquello fue lo que más me afectó. Era su último hilo de esperanza.
—Los problemas psicológicos y de angustias proceden de traumas que no se han digerido. Pero la mayoría lo supera.
—Hombre, yo la veo bien, pero no tenemos un aparato para medirla. Su gremio y el mío tienen mucho en común. ¿Cuál es su nivel general de satisfacción con la vida?
—Pues yo también. Pero si le preguntas a alguien por el mundo, te responderá: «¡Fatal! Le doy un 4».
—La gente exige honradez y que le soluciones problemas.
—¿Tenemos los jefes honrados para derrotar esta crisis?
—Churchill era un líder de guerra, y en la paz no servía; yo trabajé con Rudolph Giuliani, alcalde de Nueva York en el 11-S, y el hombre era un «líder de tormentas». En la ciudad bajó el crimen, organizó la Policía... Pero Giuliani no es un líder en situación pacífica porque se inquieta. Hay líderes de tormentas y de paz.
—Es una palabra que viene de la física y significa la capacidad de un material de encajar un golpe sin romperse, adaptarse y luego volver a su estado. Es una mezcla de resistencia y flexibilidad.
—En la autoestima, en la lucha, en pensar en positivo...
—Por su infancia: crecieron sin ese sentido básico de la compasión ni de la empatía.
—El pánico es muy destructivo; luego se transforma en suicidio. El aturdimiento, la depresión, que implica una pérdida de esperanza, y es veneno de la resiliencia. Pero la mayoría de las personas superamos la adversidad. Porque es algo natural que llevamos en los genes, si no nuestra especie habría desaparecido, y sigue aumentando. Somos más de seis mil millones y la gente sigue haciendo el amor. Y vivimos más. Algo tan básico como separar el agua sucia de la limpia salvó a millones de personas. Y las vacunas salvaron a otras tantas. La higiene ha salvado más vidas que cualquier medicamento.
—Teniendo ganas de vivir.
—El miedo a la muerte. Muchos dicen: «Tengo que luchar por mis hijos para que crezcan». Otros se fijan metas. No se aprende en un día.
—Los hay de dos tipos: el que te pide ayuda porque está luchando en contra de una situación muy difícil, de muerte, de una enfermedad o incluso de crisis económica, aunque nadie va al psiquiatra por la crisis. No. Te vienen a ver porque se tiran los trastos a la cabeza, o bebe más de la cuenta y te piden que le ayudes a luchar contra esa adversidad. Luego, hay otros que vienen demasiado tarde, arruinados, el hijo ha fallecido... Están derrotados. Han tirado la toalla.
