
J. M. SERRANO Dos policías custodian la residencia de ancianos de Sevilla en la que se produjo el dramático incendio
Un accidente de origen eléctrico se confirma como la causa del incendio que el lunes causó seis muertos y trece heridos en la residencia de ancianos «Aurora», en el número 98 de la calle Marqués del Nervión de Sevilla. Así se desprende tras la exhaustiva inspección ocular llevada a cabo ayer por especialistas en incendios de la Policía Científica.
Los agentes tuvieron que retrasar la inspección ocular de la habitación de la segunda planta de la residencia en la que se inició el fuego, precisamente la que ocupaba una prima hermana de la propietaria del centro geriátrico, ya que la estancia resultó afectada hasta el punto de que lo único que quedó en pie era el esqueleto de la cama en la que pereció carbonizada la mujer. Incluso el revestimiento del techo se vino abajo. Aunque se barajan dos hipótesis, los investigadores creen casi con seguridad que el incendio se originó por un fallo en la corriente eléctrica a la que se conecta el colchón antiescaras (para evitar úlceras) en el que dormía la víctima. La otra teoría, que pierde fuerza, es que hubiera un fallo en un climatizador de aire.
Las llamas se extendieron rápidamente por la habitación y generaron una intensa humareda que, a través del pasillo, alcanzó al resto de las habitaciones, sobre todo a aquellas cuyas puertas habían sido abiertas por lo ancianos en un intento de huir.
La humareda fue tan intensa que, para evitarla, los residentes hubieran tenido prácticamente que arrastrarse por el suelo ya que el humo llegó a bajar por debajo de lo que sería el nivel de los colchones y apenas dejó libre una franja de treinta o cuarenta centímetros a ras de suelo.
El siniestro fue detectado minutos antes de las doce de la noche y a las 23.56 se recibía el primer aviso. María José Gutiérrez, trabajadora de un colegio, situado justo enfrente de la residencia, fue una de las personas que dio la voz de alarma. Estaba a punto de coger un taxi y observó las primeras llamas. Muy afectada, ayer comentó que lo primero que hizo fue llamar al teléfono municipal 010 «pero no me hicieron caso y me dijeron que llamara al 112». Mientras tanto, su hijo, que la esperaba junto al taxi, optó por internarse en la residencia. Le abrió la puerta una monitora, que muy nerviosa le dijo que el incendio había empezado en la segunda planta.
El humo lo había inundado ya todo; ambos, provistos de trapos mojados, subieron las escaleras para despertar a los ancianos, aunque según le advirtió la trabajadora, se trataba de personas con problemas de movilidad.
«Un auténtico infierno»
El humo los obligó a desistir.«Era un auténtico infierno». Una vez abajo, sólo los gemidos de los ancianos les hicieron subir de nuevo, aunque sólo hasta la primera planta para sacar a los que allí dormían, antes de que el fuego los alcanzara. «Cogí a un anciano y lo arrastré hasta la escalera, y cuando intentaba bajarlo me encontré con la Policía», recordó.
La alerta dada había movilizado a un patrullero del CNP, que pidió refuerzos. Cuatro agentes comenzaron a evacuar la residencia como pudieron, junto a los bomberos que empezaban a llegar y la Policía Local.
La residencia cumplía con toda la normativa en materia de accesibilidad, térmica, acústica y medidas contra incendios. Incluso cumplía con los planes de evacuación, pese a la extrañeza de que las habitaciones de la planta afectada tuvieran recias rejas y que los ancianos con mayores problemas de movilidad estuvieran en la planta más alta.


