El presidente del PP, Mariano Rajoy, siempre tan renuente a la hora de concretar algunas de sus propuestas cuando tocan temas sensibles o conflictivos, optó ayer por la claridad en dos cuestiones que pueden levantar ampollas: sueldos de los funcionarios y reforma del mercado laboral.
De lo primero dijo que, si ahora mismo gobernara, habría procedido a una congelación salarial del personal al servicio de la Administración del Estado, como, de hecho, hicieron en 1996, cuando llegaron al poder en mitad de una fortísima crisis económica y con la Seguridad Social en bancarrota. Se trató de una medida «dura y antipática», pero necesaria.
Sobre la reforma del mercado laboral apuntó a la posibilidad de instaurar un contrato progresivo que reconozca un máximo de 33 días por año trabajado en caso de despido cuando el trabajador tuviera una antigüedad de entre 4 y 6 años de contrato. A su juicio, este modelo fomentaría la contratación indefinida, de modo que el empresario no tuviera que hacer frente a una indemnización de 45 días en caso de hacer fijo al trabajador y éste no se viera condenado a un contrato eventual con coste cero.
«Sin ocurrencias»
Pero a pesar de tener un «plan» -tal y como afirmó en el multitudinario acto que celebró este domingo en Atarfe (Granada)- admitió carecer de los suficientes apoyos para presentar una moción de censura, algo a lo que dijo estar dispuesto si la aritmética parlamentaria no le impidiera que prosperase. «Yo no tengo confianza en el señor Zapatero, se lo digo como lo siento. Ahora, de la misma manera que le digo eso, si yo tuviera la mínima posibilidad de ganar una moción de censura, la presentaría. Pero estamos en un régimen parlamentario y el señor Rodríguez Zapatero tiene mayoría», confesó resignado el líder del primer partido de la oposición.
Tras reiterar en este sentido que «no es momento de ocurrencias», se refirió a la comparecencia, la próxima semana, del presidente del Gobierno en el Congreso de los Diputados para afirmar que lo mejor es que el jefe del Ejecutivo exponga «su diagnóstico» sobre la situación y «qué quiere hacer en el futuro». Agregó que tiene que explicar por qué ahora «rectifica» con el gasto público y aclarar qué pretende hacer con las pensiones y su reforma laboral. «Lo que los españoles queremos saber es a dónde vamos y qué pretende hacer. Eso es lo más oportuno en este momento», abundó.
Además, criticó las declaraciones del ministro de Fomento, José Blanco, por insinuar que hay una especie de «conspiración judeo-masónica» contra el presidente del Gobierno, algo que, calificó de «un poco absurdo». Por eso, pidió a los miembros del Ejecutivo mantener «una actitud prudente y un poco de rigor», para lo que se remitió a las palabras del secretario de Estado de Economía, que ha negado ya la existencia de dichas conspiraciones.

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