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El «Guernica» y la colección Carmen Thyssen centran agrias polémicas internas
El Ministerio de Cultura provoca alta tensión en los grandes museos nacionales
IGNACIO GIL Carmen Thyssen y Ángeles González-Sinde, muy sonrientes, en septiembre de 2009
Por si le faltara poco al Gobierno, con la economía por los suelos y viendo conspiraciones judeomasónicas a diestro v siniestro, se ha topado con una molesta china en el zapato: su Ministerio de Cultura. Ya ha vivido en propias carnes Ángeles González-Sinde la rebelión de sus masas -los cineastas-, no contentos con la ley que, para más inri, estuvo retenida en Bruselas. Y puede atribuirse esta Nerón moderna el extraño honor de haber incendiado la Red, con los internautas levantados en armas por la ley de Propiedad Intelectual, y ella con un pie más fuera que dentro de la Casa de las Siete Chimeneas esos días.
De momento, tenía muy tranquilito el sector del arte. Pues ya ni eso, porque andan bastante revueltas las aguas en el Triángulo de Oro de la Milla del Arte. Lejos de averiguar quién es la hipotenusa y quiénes los catetos en esta historia, lo cierto es que no hay museo nacional que se salve de la polémica. Con las ampliaciones de los tres grandes museos ya completadas -Prado, Reina Sofía y Thyssen-, éstos pasaban por una etapa, digamos al menos bastante serena. Pues en poco tiempo la cosa ha cambiado: los tres museos son noticia y no precisamente positiva.
Hace unos días ABC adelantaba el proyecto del Museo del Prado de recuperar el «Guernica» para el antiguo Museo del Ejécito, dejando con ello herido de muerte al Reina Sofía. Aunque se quiso silenciar el tema, finalmente salió a la luz. Hasta cinco ex directores del Reina Sofía y dos del Prado, además de destacados especialistas, rechazaban unánimemente dicho propósito. Y eran bastante contudentes en sus explicaciones. El lunes, uno de ellos, Tomás Llorens, explicaba muy claro en La Tercera de ABC por qué está el «Guernica» en el Reina Sofía. O lo que es lo mismo, por qué no debe estar en el Prado.
Prado «versus» MNCARS...
La ministra de Cultura tardó horas en reaccionar. No sabemos si estaba al tanto o le cogió por sorpresa. Dijo que el «Guernica» está bien donde está» y reconoció que la recuperación del cuadro había sido planteada por el Prado, eso sí, aclarando que «de forma respetuosa (¿alguien dijo que hubiera sido de forma agresiva?), informal y sin carácter vinculante», y aclaró que no hay ningún tipo de disputa entre ambos museos. Pero, lejos de ser contundente y atajar la polémica, no cerró la puerta definitivamente. Por si acaso Moncloa decidía lo contrario más adelante.
Tampoco han vivido días de vino y rosas Prado y Reina Sofía con el tema de los presupuestos. Que si este museo me ha quitado una partida que era mía, que si yo la necesito más... Tonto el último. Mientras tanto, el Thyssen se mantenía callado. Bueno, no del todo... La baronesa anunciaba venta de preservativos y aireaba sectas ocultas. Pero Carmen Thyssen se empezaba a impacientar y lanzaba mensajes al Ministerio: queda un año para que venza el plazo de cesión de su colección y, si no hay un acuerdo meses antes, avisaba a navegantes que se la llevaría a otra parte. Al parecer, durante los últimos meses se han reunido los abogados de ambas partes para tratar de cerrar la negociación del alquiler (se dijo que sería entre 25 y 30 años), pero la reunión mantenida el pasado lunes en el Ministerio entre Sinde y Thyssen ha abierto la caja de los truenos.Todo lo relacionado con dicha reunión es un cúmulo de despropósitos. Comenzando por la inexistente política informativa del Ministerio -salvo para su medio de cabecera- y del Museo.
... y Sinde «versus» Thyssen
El surrealismo se multiplica cuando la propia Carmen Thyssen descubre un nuevo género periodístico: ofrecía ayer dos titulares totalmente contrarios a dos periódicos sobre el mismo asunto. Sólo ella es capaz de hacerlo. En uno dice que confía en que se lleve a cabo la ampliación de la cesión; en otro, que nunca se ha planteado ampliar la cesión.
Quizá tanto embrollo y tanta opacidad informativa se deba a que no son muy buenas que digamos las relaciones entre la baronesa y el Museo Thyssen, por un lado, y Ministerio de Cultura, por otro. ABC ha podido saber que la reunión del lunes fue bastante tensa. Ni siquiera se pusieron de acuerdo sobre el motivo de la misma. Según Cultura, era para abordar asuntos internos del museo. Según la baronesa, para tratar la negociación, de ahí que fuera de mano de sus dos abogados. Los anteriores ministros han tenido una relación cordial con la baronesa (unos más y otros menos), pero la sintonía de Sinde y la subsecretaria de Cultura, Mercedes del Palacio, con Carmen Thyssen no es perfecta, tampoco con Guillermo Solana, director artístico del museo. Cultura quiere involucrarse en el museo y evitar que vaya más por libre que sus colegas de la Milla de Oro. Ha pedido explicaciones de lo que se hace, por qué se hace y cómo se hace; controla nombramientos... Vamos que Sinde ejerce «de facto» como presidenta del Patronato.
Parece que no se vio con buenos ojos en el Ministerio una exposición dedicada a Eros (¿cómo verían entonces la venta de condones?). Con la baronesa ha topado Sinde. Y a todo esto, ¿se ampliará la cesión de la colección? ¿Se alquilará? ¿Por cuánto? ¿Cuándo? ¿Se irá la baronesa con la colección a otra parte? ¡Más madera!, que diría Groucho.
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