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A diferencia de otros años, la perpetuidad del desempleo hace que algunos parados estén dispuestos a aceptar cualquier oferta de trabajo. Pero la crisis destruye hasta los puestos menos deseados. En una oficina madrileña del Inem no hubo ni una oferta en semanas
Se busca mayordomo de buque
Dos inmigrantes en paro revisan en un tablón de anuncios todas las ofertas de empleo disponibles
Catálogo de ocupaciones de difícil cobertura según el INEM
Este Catálogo recoge las ocupaciones que presentan dificultades a la hora de ser cubiertas por los demandantes de empleo inscritos en el INEM. Entre ellas, destacan:
Mayordomo de buque
Ni hostelero en Barco de Ávila ni camarera del Titanic, el postulante deberá obtener el título de Técnico en Bar y Repostería Internacional (dos años), reconocido por el Estado.
Bombero de buques especializados
Su función es esencial en barcos en cuyas bodegas se almacenan, además de residuos industriales muy sensibles, uranio, plutonio y otros elementos radiactivos.
Frigorista naval
Precisa experiencia en mecánica, ensamblaje y reparaciones de buques.
Ingeniero geógrafo
Formula proyectos de ingeniería orientados a la organización racional y armónica del espacio geográfico, realizando actividades cartográficas digitales y que abarcan los levantamientos topográficos, catastrales y de desarrollo permanente en los sistemas de información geográfica.
Terapeuta ocupacional
Profesional que trabaja desde una perspectiva holística para evaluar, diagnosticar y desarrollar la planificación de programas de prevención y rehabilitación en personas con déficit en su integridad física, mental o social.
Calderetero
Es aquel que en un buque mercante dirige al personal subalterno de máquinas y vigila sus trabajos, tanto de limpieza como de conservación.
Viajar hasta Melilla para convertirse en azafata de buque de pasaje no es un problema, «si de comer se trata». Éste es uno de los pocos puestos que ya se ofrecen en el catálogo de ocupaciones de difícil cobertura que el Servicio Público de Empleo Estatal ofrece trimestralmente a extranjeros por todo el territorio español. Joseline Ramírez, natural de República Dominicana y afincada en Madrid desde hace 14 años lo tiene claro: «La cosa está mal y no me importaría marcharme si lo pagan bien», explica.
Por suerte para esta dominicana ayer encontró trabajo. No en una oficina de empleo, sino gracias a que su antiguo jefe la volvió a requerir para trabajar en su bar. «Llevaba un año en el paro inscrita para puestos de este tipo y no me han llamado. Ya se me hacía complicado llegar a fin de mes», explica.
Extranjeros y locales continúan agolpándose día tras día en las oficinas de empleo españolas. Ni siquiera ya el catálogo de ocupaciones de difícil cobertura es una vía de escape para los inmigrantes que han perdido su puesto. Incluso los españoles estarían dispuestos a cubrirlos. El problema, que escasean. En Madrid, por ejemplo, donde otros años se incorporaban ofertas de diversa índole como esquilador, croupier, peluqueros de caballeros, etc., la crisis no ha dejado rastro de ellos en 2010.
Desde la Consejería de Empleo de la Comunidad de Madrid indican que en estos dos últimos meses la capital no ha incluido ofertas de este tipo. «Tal y como está la situación, no hay siquiera empleo para dar abasto a buena parte de la población».
Pese a esta carencia, la necesidad llevaría a muchos inactivos involuntarios a trabajar «de lo que sea». En la oficina de empleo de la madrileña calle de Miguel Yuste, su director indica que ya no se ofrecen puestos de difícil cobertura. Es más, informa de que, en su oficina, hasta el pasado 20 de enero «la entrada de ofertas de todo tipo ha sido nula. Todo lo que viene se cubre al instante».
A Kelly y su pareja Adalberto, inmigrantes de Ecuador, pero residentes en España desde hace ocho años se les terminó el trabajo ayer. Desconocedores del catálogo de ocupaciones de difícil cobertura, estarían dispuestos a trabajar «de lo que fuera si las circunstancias obligan a ello». ¿Incluso de mayordomo de buque en Melilla? «Sí, aunque vamos a esperar a trabajar de lo nuestro», también la hostelería, afirma Adalberto. Este matrimonio es optimista. Nunca han tenido un puesto estable en España, «pero nos han surgido otras oportunidades», dice ella.
Más de tres horas de espera
Más de tres horas de espera dedicó ayer Conchi, una joven española en paro, en el interior de una oficina del Inem. Un fulminante ERE ha terminado con su actividad en su empresa. «Viendo cómmo está todo, no me negaría a ocupar uno de esos puestos raros antes que no poder comer», confiesa.
Cuatro años en el paro
La española Mª Carmen Bayón lleva perenne en la lista de los ya cerca de cuatro millones y medio de parados desde 2006. Su edad, 53 años, ha sido un obstáculo para dar con uno de los puestos que solicitaba en el Inem: auxiliar administrativa, recepcionista... «Aquí no te ofrecen nada. Hay que buscárselo fuera, pero tampoco está bien la cosa», explica. Hasta ayer cobraba el subsidio de 421 euros para mayores de 52 años, «pero me lo han quitado porque estoy cobrando un alquiler».
Mª Carmen revela que la situación laboral de su marido y de su hija son precarias y le preocupa no encontrar un puesto a corto plazo. Sin embargo, mantiene pocas esperanzas: «Llevo cuatro años apuntada en el paro y no me han llamado para nada. Sólo para cursillos, como el último de reciclaje que me ofrecieron. Estaba en el quinto infierno y luego no garantizan que vaya a salir algo de esa formación», dice sin pizca de entusiasmo. Ante la espada de Damocles del desempleo y la necesidad, también optaría por uno de estos puestos.
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