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Martes , 09-02-10
Unos se pasan y otros no llegan. Digo en avisos a la población. Lo mismo nos encontramos con un alarmista que con un optimista, y si ahora decimos que la OMS se pasó siete pueblos al meternos a todos el miedo en el cuerpo con la gripe A, y, añaden algunas voces, de camino alguien benefició a alguien, en España nos ha pasado todo lo contrario: el presidente del Gobierno nunca quiso darle dimensión de «epidemia» a la crisis y decía que eran cuatro voces de la derecha.
Así que por un lado tuvimos una alarma ante la que muchos nos preguntábamos para qué tanto jaleo, si nadie conocía a nadie cercano con síntomas de gripe A, y si lo conocía, el afectado había salido de ella como de una gripe normal, por otro, por el económico, nos encontramos con un Gobierno que estaba viendo las llamas lamiendo las puertas de su casa y poco menos decía que era sensación térmica. Líbrenos Dios de un alarmista, pero líbrenos más de un inconsciente. Posiblemente, con la alarma de la OMS muchos países -entre ellos, España- han matado moscas a cañonazo en el problema de la gripe A; pero aquí, en España, la ceguera del presidente del Gobierno nos ha costado más, mucho más, porque el no reconocer la situación del país cuando la situación pedía cirujanos más que consulta ambulatoria, es lo que nos ha costado llegar a las puertas del forense a dejar el cadáver. Cuando el tiempo está movido y hay nubes y vientos, siempre es preferible comprar un paraguas que tener que gastar dinero y salud en una pulmonía. Es lo que nos ha pasado a los españoles, que si bien la gripe A nos pilló en el burladero, la crisis nos pilló regando la plaza, porque el presidente decía que los toros estaban bien encerrados en los corrales. Cornalón al canto y ahora, penas. Es triste que la gestión de la gripe A no la hubiera llevado Zapatero; tanto como que la alarma de la crisis no se la hubiésemos dejado a la OMS.
barbeito@abc.es
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