
David Cediel (izq.) y Sandy llevan encaramados a la grúa de la plaza del Ayuntamiento de Pozuelo ocho y dos días, respectivamente / ERNESTO AGUDO
Martes
, 09-02-10
Quemarse a lo bonzo, iniciar huelgas de hambre... Las protestas a la desesperada empiezan a ser corrientes en nuestro país. El último en optar por una medida drástica ha sido David, obrero de la construcción de la empresa Jigar, S.A., que lleva ocho días encaramado a una grúa de 40 metros.
Piensa que ésta es la única forma de reclamar a Ploder Uicesa, la contratista de la obra en la que trabaja, el impago de 140.000 euros: «Pero yo soy uno más, la representación mínima de lo que está ocurriendo, el embrollo económico lo tiene España, con sus cuatro millones de parados».
Piensa que ésta es la única forma de reclamar a Ploder Uicesa, la contratista de la obra en la que trabaja, el impago de 140.000 euros: «Pero yo soy uno más, la representación mínima de lo que está ocurriendo, el embrollo económico lo tiene España, con sus cuatro millones de parados».
Y no entiende de clases sociales, añade. «Soy un simple obrero. Un colega ingeniero nos ha dicho que en dos meses estará, literalmente, pasando hambre», cuenta por teléfono desde las alturas, desde donde asegura que pasa un frío inimaginable. Al menos, no está sólo. Le acompaña desde el domingo Sandy, que quiere apoyarle porque con ellos, afirma, «nunca le faltó trabajo».
«Lo peor está por llegar»
Abajo, a ras de suelo, tampoco les faltan apoyos. «La gente se está volcando. Los bares y los vecinos nos dan comida, y nos piden que no bajemos hasta que no nos paguen. Los comerciantes se manifiestan todos los días a las cuatro de la tarde para darnos ánimos».
A pie de obra está Arturo, su suegro, propietario de la empresa. «El cartel de «Ruina Consentida» tiene una explicación. Ploder Uicesa nos debe 140.000 euros pero en total debe a un montón de proveedores, familias y empresas pequeñas unos 300 millones. Próximamente irá a concurso de acreedores y el Estado ni siquiera le va a llamar la atención. La ley concursal de este país es una vergüenza».
Pero lo peor para Arturo está todavía por llegar. «El sector de la construcción ha estado dando muchas alegrías durante los últimos diez años. Y no sólo a nosotros. También al gremio del vidrio, al de la cerámica, al de cerrajería y ferralla, al del transporte... No hay capacidad para mover al país en otro sentido. No hay alternativas preparadas». Cuando el sector de la construcción falle por completo, anuncia, «en España se va montar». «Yo llevo ya cinco impagos como éste», finaliza.


