Los trabajos de herrería que llevó a cabo en la prisión de Sevilla la empresa del cuñado de Felipe González, cuando éste era presidente, ya fueron cuestionados en su día. Tanto que el penal fue bautizado como la «casita de chocolate»
La cárcel de Sevilla de la que se han fugado dos presos / EFE
Actualizado
Lunes
, 08-02-10 a las 15
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La obra de herrería de la prisión Sevilla 1 y, más concretamente, los barrotes que rompieron los dos presos huidos la semana pasada, las hizo una subcontrata de la empresa de Francisco Palomino, cuñado del ex presidente del Gobierno Felipe González.
La endeblez de la estructura que los delincuentes burlaron ya la denunció en mayo de 1989 el Partido Andalucista, levantando nuevas sospechas de tráfico de influencias.
El día 27 de ese mes en una rueda de prensa celebrada en un hotel sevillano, el entonces presidente del PA y candidato al Parlamento Europeo, Pedro Pacheco; el secretario de Información, José Luis Villar, y el parlamentario Miguel Calvo denunciaron fraude en las obras de la prisión y la reiterada presencia de Palomino en otras construcciones que se estaban realizando en Andalucía en ese momento.
La edificación de la cárcel —antes se denominaba Sevilla II— fue adjudicada por el Ministerio de Justicia a Dragados y Construcciones a través de concurso público por un importe que rebasaba los tres mil millones de las pesetas de antes. Esa empresa en años anteriores a 1989 ya había subcontratado diferentes trabajos con varias entidades en proyectos de la Expo, entre las que se encontraban la industria sevillana Talleres Palomino, propiedad de Francisco Palomino, que también fue responsable de varias tareas de herrería en la Expo y en la autovía del 92.
Cárcel de etarras
El PA no ocultó su asombro por que la empresa del cuñado de González fuese la subcontratada por Dragados para obras de herraje, cerraduras, etcétera, en la cárcel de Sevilla, encargos que a su vez se subcontrataron con pequeños talleres de la capital y provincia a precios inferiores de los presupuestados por la Administración.
«Especie de casita de chocolate» fue el calificativo que el PA brindó a esta cárcel de alta seguridad para la reclusión, incluso de etarras, y hasta presentó en la referida rueda de prensa un informe con todas las deficiencias.
Entre ellas se encuentra la poca consistencia del material empleado para la fabricación de los barrotes y su consiguiente endeblez, que los hace fácilmente desmontables, teniendo en cuenta también su deficiente electrosoldadura.
Todo ello, según el PA, fue reconocido por el ministro de Justicia de la época pero le restó importancia pues decía que la cárcel tenía un sistema electrónico de gran calidad.
Tras más de dos décadas,José Luis Villar, al margen ya de la política, aún recuerda la investigación que llevaron a cabo tras la información que les aportó un herrero de Torreblanca.
Los andalucistas negaron ilegalidad alguna en la contratación, pero no descartaron implicaciones de presunto tráfico de influencias y realizaron una serie de preguntas de control al Gobierno andaluz que no trajeron consecuencias. Francisco Palomino tampoco se quedó con los brazos cruzados y se querelló contra Pedro Pacheco por verter sobre su persona delitos de injurias y calumnias.
Pero la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo desestimó su pretensión —una indeminización de cincuenta millones de pesetas— porque entendió que la libertad de expresión en este caso tenía carácter preferente sobre el derecho al honor.
Un agujero en la pared
Asimismo, el auto del Alto Tribunal aseguraba que el querellante no cuestionó la veracidad de los hechos y que las expresiones utilizadas, por otra parte, eran necesarias para expersar opiniones sobre una cuestión que «tiene trascendencia para el juicio sobre la Administración del Estado».
El cordobés Rafael Hidalgo Castro y el marroquí Mohamed I.E. se fugaron del módulo 7 de la cárcel Sevilla 1 en la madrugada del pasado jueves tras realizar un agujero en la pared de la celda y arrancar los barrotes de una ventana en la que aún permanecían los herrajes colocados por Palomino. Después los reclusos consiguieron llegar al campo de fútbol y alcanzar el exterior sin que ninguno de los sistemas de seguridad de la cárcel advirtiese de la huida.


