«Fue mi abuela quien me explicó que mi abuelo había vivido en las trincheras. Yo no sabía exactamente lo que era una «trinchera», pero ella me explicaba aquellos horrores y eso me hacía tener pesadillas». De aquellos horrores vinieron estas viñetas y la frase anterior, convenientemente encerrada en un bocadillo de cómic y situada junto a una de las pocas fotografías que se ha dejado tomar el esquivo Jacques Tardi (Valence, Francia, 1946), resume a la perfección la enfermiza obsesión del historietista francés con la guerra, la muerte, el crimen y, en fin, cualquier cosa que huela a oscuridad y penumbra.
Normal, pues, que los responsables de BCNegra se hayan encomendado al autor de «Niebla en el puente de Tobliac» para inaugurar una nueva edición, la quinta ya, del encuentro de novela criminal que se ha celebrado la pasada semana y que ha atraído a Barcelona a autores como Ian Rankin, Asa Larsson y Don Winslow, entre muchos otros. De Tardi, lamentablemente, no hubo ni rastro, aunque su obra hablará por él en una exposición que, hasta finales de marzo, mostrará en la Biblioteca Jaume Fuster el «Retrato en negro» del guionista y dibujante francés. «Mucha gente cree que el género negro es únicamente el crimen, el mayordomo y la gabardina, pero de eso nada. Lo negro también se alimenta del cómic y del cine», apuntó el comisario de BCNegra, Paco Camarasa, durante la presentación de una muestra articulada en torno a la guerra, el hambre, la muerte y la peste, cuatro ejes que Tardi ha convertido en sus cuatro Jinetes del Apocalipsis.
Comisariada por Toni Giralt y Pepe Gálvez, la muestra repasa las filias bélicas de Tardi a través de obras como «La guerra de las trincheras», «El soldado Varlot» y «Putain de guerre!» y ahonda también en su faceta más «negra y criminal», consecuencia sobre todo de las adaptaciones al cómic que hizo de las novelas de Léo Malet y Didier Daenicks, entre otros. «Tardi es quien mejor ha transmitido ese sentimiento especial que tiene la novela negra francesa», enfatizó Gálvez.
La muestra ofrece reproducciones en vez de originales -«da la sensación de que no quiere que salgan de su casa», apuntó Giralt- pero, aún así, consigue resumir los grandes temas de la obra del francés para releerlos desde la óptica de un Apocalipsis contemporáneo. «El género negro, especialmente tal y como se manifiesta en la obra de Tardi, se convierte en una denuncia casi permanente de las múltiples y siempre destructivas maneras de actuar de la codicia y de quienes son poseídos por ella», pueda leerse en un gran plafón nada más acceder a la exposición. Escalofriante.