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Domingo , 07-02-10
Desde que acudiera al Foro de Davos, Rodríguez Zapatero, el Gobierno, el PSOE, y el país en general, no han dejado de acumular noticias adversas en una «semana negra» que remató con el colosal batacazo bursátil del pasado jueves y la desconfianza sin matices que la economía española genera en el exterior. Todo un vía crucis en la semana del Desayuno Nacional de Oración, que ha marcado las horas más bajas de un Ejecutivo que dio la impresión de estar muy superado por las circunstancias.
«Es dubitativo pero tiene gran capacidad para aparentar aplomo», confesaba a ABC una persona que acompañó a Zapatero su ascenso político. Al presidente del Gobierno le bastaron unas horas aquel jueves 28 de enero en Davos (Suiza) para dar sensación de haber perdido ese aplomo. Cuando llegó, el nobel Nouriel Roubini ya había dicho que «España es una amenaza para el euro». Sentado entre los presidentes de Grecia y Letonia, y con el gobernador del Banco Central Europeo, Jean Claude Trichet, Zapatero criticó ese alarmismo contra un país «serio» como España.
Una maniobra exterior
Volvía así a retomar una idea muy querida en los últimos meses, la de que detrás de todo eso hay una maniobra especulativa contra el euro. Podrá haberla, pero Trichet fue demoledor: «Grecia no es Finlandia y España no es Alemania».
Así que decidido a enviar un mensaje de confianza al mercado. El Consejo de Ministros del viernes 29 acordó por sorpresa una propuesta para elevar la edad de jubilación de 65 a 67 años. Pero no contaba con la alianza entre el malestar sordo de la calle y el menos sordo de sus mejores aliados en estos seis años: UGT y CC.OO. Hasta tal punto que el lunes De la Vega dio marcha atrás. Es sólo «una reflexión». La imagen del bandazo ya estaba en la retina de los españoles.
El miércoles 3, Zapatero se entera, de camino a la plegaria de Washington, que el comisario Joaquín Almunia dice que las economías de España, Grecia y Portugal presentan «problemas comunes». Pero había más: el plan de Estabilidad que acaba de remitir a Bruselas incluía que el período de cálculo de la cuantía de la pensión se amplíe de los últimos 15 a los últimos 25 años trabajados. Los sindicatos montan en cólera y, en dos horas, el Ejecutivo retira la idea. Otra «reflexión».
Hasta el portavoz socialista en la Comisión de Trabajo del Congreso, Jesús Membrado, carga contra el Gobierno: «Ha generado alarma social». El pasado jueves la Bolsa caía un 6% el jueves; y un 1,35% el viernes. Para entonces, y ante tanto vaivén, comenzaron a surgir voces dentro del partido que ponían en cuestión la consistencia del gabinete de Zapatero.
Pese a ello, hay una «línea roja» que Zapatero no va a traspasar en la reforma laboral y esa es la del abaratamiento del despido, asegura a ABC un importante miembro de la Ejecutiva Federal del PSOE. Rompería la «paz social» en un momento de crispación en la calle y además no desea otro enfrentamiento PSOE-UGT como el que protagonizaron González y Redondo en los 80. Fue el principio del fin de la hegemonía socialista.
El Gobierno es consciente de que ahora se le está fugando buena parte del electorado moderado pero el crecimiento del PIB «está próximo», afirman fuentes del Gobierno que confían en que las reformas estructurales de estos años permitan crear empleo aunque en 2011 se crezca por debajo del tradicional 2% del PIB.
Por eso, mañana, lunes, en la Ejecutiva Federal, y el martes, ante los diputados y senadores del Grupo Socialista, aguantará las críticas por el caos, pero no cederá si se plantea un contrato para jóvenes con menos indemnización por despido.
En el partido también hay voces que reflexionan sobre la necesidad de, una vez superado el aturdimiento de esta semana (en el que algún miembro del Gobierno pareció ciertamente noqueado) se pase a una ofensiva para explicar bien a la opinión pública que «hay un plan», como afirmó De la Vega el viernes.
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