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Ucrania elige hoy su cuarto presidente desde que se independizó de la URSS
AFP Miembros de la comisión electoral colocaban ayer carteles de ambos candidatos en un colegio electoral de Kiev
Domingo , 07-02-10
A diferencia de lo que sucedió en las anteriores elecciones presidenciales, hace cinco años, Rusia esta vez no se ha pronunciado de forma explícita en favor de uno u otro candidato para ocupar la jefatura del Estado en la vecina Ucrania. Eso no significa, sin embargo, que Moscú no tenga sus preferencias y que no haya puesto toda la carne en el asador para favorecer sus intereses.
Después de la primera vuelta del pasado 17 de enero, a la que concurrieron 18 candidatos, los electores ucranianos tienen ahora sólo dos opciones: el ex primer ministro Víctor Yanukóvich, y la actual jefa del Gobierno, Julia Timoshenko. Yanukóvich fue el favorito frustrado del Kremlin en las presidenciales de 2004, mientras Timoshenko encabezó, junto con Víctor Yúshenko, aquella «revuelta naranja» que chafó los planes de Vladímir Putin.
Con Yúshenko, actual presidente ucraniano, ya cerca de la jubilación tras obtener menos de un 6% de los votos en la primera vuelta, Timoshenko aparece ahora como la única líder de los «naranjas», color que en lo ideológico se identifica con más democracia, libertad económica y aspiración a equipararse con los países occidentales. Por eso, suele decirse que la primera ministra es proeuropea.
No hablaba ucraniano
Yanukóvich procede del este industrial y rusoparlante del país. Aprendió ucraniano hace poco. Es consciente de los enormes lazos económicos que siguen vinculando a Rusia con Ucrania y está convencido, quizá con argumentos contundentes, de que su querida patria nunca podrá progresar si actúa a contrapelo de los deseos de Moscú.
Su victoria fraudulenta en los comicios de 2004, contestada desde la calle y echada abajo con una nueva votación que ganó Yúshenko, le ha hecho acreedor de una reputación entre sus detractores de político corrupto, poco transparente y no demasiado escrupuloso con los imperativos de la democracia. Declinó el pasado lunes participar en un debate televisivo con su adversaria. Además, tiene antecedentes penales. Todas esas características homologan a Yanukóvich con el estilo de la élite política rusa. De ahí que se diga que es prorruso.
Pero, tal vez y como considera el politólogo Dmitri Oreshkin, ni Timoshenko es tan proeuropea ni Yanukóvich tan prorruso. Efectivamente, la «dama naranja» ha mejorado ostensiblemente sus relaciones con Moscú, concretamente con Putin, mientras Yanukóvich ha garantizado durante la campaña electoral que el «necesario» acercamiento a Rusia no comprometerá la independencia de Ucrania ni perjudicará su integración con Europa.
Lo que sucede es que en temas clave para Moscú como son la permanencia de la Armada rusa en la base de Sebastópol (Crimea), la no adhesión de Ucrania a la OTAN, su papel como país de tránsito del gas ruso con destino a la UE o el reconocimiento de la independencia de las regiones georgianas de Osetia del Sur y Abjasia, Yanukóvich es más de fiar para el Kremlin que Timoshenko.
Una Ucrania «más sumisa»
En la nueva doctrina militar que el presidente ruso, Dmitri Medvédev, acaba de aprobar, la OTAN y los planes de EE.UU. de instalar misiles interceptores en Europa, ahora en Rumanía, aparecen como las principales amenazas de seguridad para Rusia. En ese contexto, según el especialista ruso en cuestiones castrenses, Pável Felgenhauer, «conseguir una Ucrania más sumisa, aliada en lo militar y alejada de las estructuras atlánticas se hace prioritario».
Timoshenko tiene mucho más carisma que su contrincante, a quien supera ampliamente en el manejo de la oratoria y la puesta en escena, pero sufre el desgaste de dirigir el Gobierno en tiempos de crisis, especialmente duros para Ucrania. En la primera vuelta obtuvo el 25% de los votos contra 35,3% Yanukóvich. Éste encabeza ahora ligeramente los sondeos. Con todo, según señala Andrew Wilson, experto del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores, «es difícil predecir quién ganará, el margen de diferencia será muy ajustado».
La primera ministra cree que los cambios introducidos esta semana en la ley que regula el funcionamiento de las mesas en los colegios electorales, eliminando la obligación de que estén presentes los dos tercios de sus miembros, favorecerán el fraude y ha amenazado con otra «revolución naranja». En caso de derrota, Yanukóvich promete sacar también su gente a la calle. Mientras Rusia intenta que la situación no se le vaya de la mano, en el horizonte se dibuja un escenario explosivo.
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