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Sueños hechos realidad
ABC Grabado de «La isla utopía», de Tomás Moro
Viernes , 05-02-10
El poema de Gilgamesh, primer texto escrito que se puede considerar como «obra literaria», se hace eco en sus primeras palabras de la conexión entre arquitectura y escritura. Estas dos disciplinas tienen la misma finalidad y sentido: fijar, establecer, delimitar, acotar un territorio lingüístico o espacial. Trazar un límite.

El anónimo compilador sumerio presenta de forma simultánea al héroe, Gilgamesh, y a la principal de las hazañas que garantizan su inmortalidad: la construcción de la muralla de Uruk, la «bien cerrada», un auténtico límite de civilización. El poeta invita al lector a contemplarla con la misma admiración deslumbrada que se reserva para lo sagrado, al tiempo que describe la firmeza y solidez de sus materiales.
Esos sueños se hacen realidad en la exposición «Arquitectura escrita», comisariada por Juan Calatrava y Winfried Nerdinger, iniciativa del Círculo de Bellas Artes, la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales (SECC), el Ministerio de Cultura y el Parque de las Ciencias de Granada. 47 libros, 48 maquetas, doce textos, cinco animaciones y un maravilloso catálogo explican el arte arquitectónico, desde Villa Laurentina de Plinio el Joven; la visión del alma como castillo interior de Santa Teresa; «La cueva de Ali Baba»; «El castillo de Drácula»; el Pandemonium, de Milton; la tierra de Brobdingnag, de Jonathan Swift; la pensión Vauqueur, de Balzac; la casa como recuerdo autobiográfico, de Stendhal; el apartamento de París, de Rilke; el castillo de Kafka; la casa de Bernarda Alba; la ciudad de Castalia, de Hermann Hesse; la Biblioteca de Babel, de Jorge Luis Borges; la casa de Buenos Aires, de Manuel Mujica Laínez; la abadía, de Umberto Eco; la Atlántida de Platón; la ciudad de Amauroto en la isla utopía, de Tomás Moro; la isla de Hélice, de Julio Verne, la ciudad industrial, de Emile Zola; el Ministerio de la Verdad, de George Orwell... hasta la isla utopía, de Tomás Moro.
La idea surgió en la Technische Universitt de Múnich, donde Nerdinger imparte clases de Historia de la Arquitectura. El profesor se dio cuenta de que sus alumnos leían poco durante el curso y decidió organizar seminarios donde ellos tendrían que leer una gran obra e interpretarla bajo una visión arquitectónica. Después de tres seminarios, la propuesta se convirtió en la exposición «Architektur wie sie im Buche steht», que en España se complementó con la visión de arquitectos de la Escuela Técnica Superior de Granada. Nabokov exigía a sus estudiantes comprender con precisión los espacios y los lugares de la creación literaria, visualizar las áreas ficticios desde la pasión lectora. Un idilio nada estático. Soñaba con la arquitectura épica.
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