Cuba sigue siendo motivo de discrepancia entre los gobiernos de Madrid y Washington. El secretario de Estado adjunto de EE.UU. para el Hemisferio Occidental, Arturo Valenzuela, aseguró ayer en Madrid que «en este momento, el cambio de la Posición Común no lo vemos necesariamente positivo», como pretende el gobierno de Rodríguez Zapatero para mejorar las relaciones de la Unión Europea con la dictadura de los hermanos Castro. Al finalizar su intervención en una conferencia transatlántica, Valenzuela matizó que «depende mucho de cómo se plantee» ese cambio.
La Posición Común marca la política comunitaria hacia la isla desde 1996 y condiciona las relaciones bilaterales a los avances en democracia y derechos humanos, en un país en el que más de doscientos presos políticos se pudren en sus cárceles. Meses antes de que España asumiera la presidencia semestral, el ministro de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, ya avanzó la intención del Ejecutivo de abogar por la sustitución de esa Posición Común por un acuerdo bilateral negociado con La Habana.
El político estadounidense de origen chileno aseguró que la Casa Blanca recibiría bien esa modificación si se deja «muy claro lo que se requiere todavía» en Cuba, es decir, «la expectativa seria de una apertura democrática».
Valenzuela subrayó los «esfuerzos» de la Administración Obama por tener una «interlocución directa» con el gobierno cubano. Recordó que este año buscará la reanudación de las conversaciones sobre cuestiones de interés común, como son las migratorias, narcotráfico o servicio postal. La colaboración entre ambos países tras el terremoto de Haití ha sido un ejemplo de que ese diálogo es posible.
Pocos meses después de llegar al poder, el presidente Barack Obama ordenó el levantamiento de las restricciones impuestas por la Administración Bush a las visitas y al envío de remesas de los cubano-americanos. Ambos países reanudaron discretas conversaciones, pero el régimen exige el levantamiento del embargo.


