Martes , 02-02-10
T. G. R.
MADRID. Las medidas anunciadas por el Gobierno británico para reducir a la mitad el número de fumadores en 2020 no sorprende en la calle a los españoles. «Aquí también hay una persecución sin tregua contra los fumadores. Cada vez nos tratan más como gente infecta. No sé por qué no dejan a cada uno elegir lo que quiera hacer», protesta un joven mientras fuma a las puertas de un centro comercial. Para él, que eliminen los colores de las cajetillas es «insignificante»: «Lo que importa es el contenido. Si sólo fuera eso...», declara.
Cuestión de costumbre
La solución para algunos adictos pasa por prohibir su venta. «Si no tuviéramos dónde comprarlo, verás como no fumábamos», manifiesta un taxista mientras exhala el humo de un pitillo. Para este hombre, este vicio «es una forma de hacer vida social, una costumbre. En España, por ejemplo, es fundamental en la sobremesa. No es justo que lo prohíban en bares que tienen zonas habilitadas. Si lo hacen en todos los sitios, muchos negocios de hostelería no van a sobrevivir».
Y lo que muchos en la calle no entienden: «¿Por qué no lo eliminan de una vez? Está demostrado que es malo para la salud, pero claro, no interesa», nos comenta una mujer al tiempo que se declara no fumadora.
El debate vuelve a estar servido y mientras para algunos trabajadores, fumar en la calle es su única alternativa, para otros, la medida que pretende imponer Reino Unido de prohibir fumar en los alrededores de las empresas es «lógica». «Queda feo que haya mucha gente a las puertas. Parece una manifestación más que gente fumando», opina un viandante.

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