El peligro de las radiaciones nucleares de baja intensidad ha sido exagerado, según advierten varios científicos británicos, que lamentan que esto se haya usado de manera «histérica» para rechazar la construcción de plantas nucleares o de almacenes de basura atómica.
Incluso uno de ellos, profesor de la Universidad de Oxford, considera que las radiaciones sólo resultan peligrosas a partir de un determinado umbral de elevada exposición, pero no de manera progresiva.
En su libro «Radiation and Reason», Wade Allison, físico de partículas, advierte que bajos niveles de radiación pueden ser fácilmente tolerados por el cuerpo. «La capacidad para reparar células y reemplazarlas, descubierta en los últimos cincuenta años, muestra que la radiación no causa daño excepto en extremas circunstancias», dice. «Haría falta que una persona estuviera expuesta a la radiación nuclear durante un millón de horas dentro de un almacén de basura radiactiva», añade Allison, «para igualar la que recibe un paciente en un día de tratamiento de radioterapia. Y el tratamiento se prolonga por varias semanas». La cuestión es que todos los datos objetivos que se tienen parten de la evidencia de daños causados en grandes catástrofes, sobre todo de las bombas de Hiroshima y Nagasaki, pero luego los datos se extrapolan hacia atrás, de manera progresiva y constante, a situaciones de mínima radiación.
Hasta ahora la mayor parte de la comunidad científica ha venido usando un modelo lineal de no umbral, según el cual no hay radiación por baja que sea que no resulte peligrosa. Pero Allison defiende un modelo opuesto, que considera que la acumulación de varias dosis de radiación no supone riesgo para el cuerpo, por la demostrada capacidad de éste de reemplazar células dañadas, hasta que se cruza un determinado umbral.
Otros científicos aceptan que ambas posiciones se basan en hipótesis, dada la falta de pruebas. Además, Gillies McKenna, de Oxford, y otros colegas de Allison están de acuerdo en que existe un miedo excesivo al riesgo de la baja radiación. «La histeria está haciendo que la gente quiera evitar la quimioterapia y se resista a la construcción de plantas nucleares».


