
AP Ian McEwan
El autor de Expiación, Perros negros y Amor perdurable, premiado en 1998 con el prestigioso Premio Booker en Gran Bretaña con Ámsterdam, se ha destacado por describir con deslumbrante lucidez las fragilidades humanas. En su libro «El inocente» (1989) Ian McEwan describe con demoledora precisión el descuartizamiento de un cadáver...
-¿Cómo se ha hecho experto de temas tan oscuros para el alma humana como éste?
-Uno no tiene que ser un experto en todo lo que escribe. Describir es un tipo de trabajo. Lo único que tiene que hacer es decir la verdad. Cuando estaba escribiendo este caso en particular hablé con un profesor de patología de la Universidad de Oxford, donde yo era profesor. Le pregunté cuánto tiempo tardaba en descuartizar un cadáver. Me invitó a verlo un lunes a las ocho de la mañana para saber cuánto tiempo tardaba. Un buen amigo me dijo que estaba loco. «Imagina», me dijo. Y entonces decidí que imaginaba la escena y se la daba a leer a mi amigo el patólogo para que mirara si la descripción era totalmente correcta. Y lo era.
-Usted ha dicho que la felicidad en literatura es un tema difícil. ¿La gente prefiere aprender de los perdedores?
-Es un problema de forma. La poesía es muy buena para definir el momento. La novela captura tiempos más extendidos. Uno pasa por amores, tristezas, por diferentes estados del ser humano. Usted no puede escribir una novela manteniendo permanente el amor, la felicidad.
-Porque además no es cierto y produce envidia...
-No está en la naturaleza del ser humano estar en un estado permanente de éxtasis. Tener un orgasmo durante cincuenta años, bueno... Ya no sería un éxtasis. Las novelas siempre tienen que lidiar con los cambios. Las incomprensiones, la violencia, las ilusiones. Los novelistas deben meterse en esas partes del alma. No se puede ser feliz en la página 1 y también en la 200 y en la 400.
-Pero usted diseñó un personaje en su novela «Sábado», a Henry Perowne, que era feliz.
-¡Y algunos lectores se pusieron furiosos! Siempre escribí sobre personajes a quienes les sucedían cosas horribles. Apenas puse cómodo a alguno, no gustó.
-Muchos escritores han dicho que la escritura les sirvió para salir de una especie de oscurantismo. ¿Fue su caso?
-Empecé a escribir por admirar a los escritores. Soy de la generación de los baby-boomers, con cierta prosperidad, estabilidad, en un país sin muchos problemas. Fui de la generación de las oportunidades. Fui un niño privilegiado.
-Hablemos de su próxima novela, «Solar», próxima a aparecer en marzo. ¿El tema es el calentamiento global?
-El calentamiento es el contexto. Se trata de un hombre de más o menos sesenta años, que ganó el premio Nobel de física en los ochenta y como buena celebridad da charlas, entrevistas y piensa que tiene el secreto para salvar al mundo. Es mentiroso y egoísta. Es adicto a la comida chatarra. Es una comedia sobre la naturaleza humana.
-¿Nos dará el secreto de cómo no destruir el mundo?
-Para decirlo de otro modo, no me gustan las novelas en las que no pasa nada.


