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Un mecanismo cerebral descubierto por investigadores españoles impide engordar a ratones alimentados con comida grasa
Actualizado Lunes , 01-02-10 a las 22 : 37
Comen en abundancia y graso. Pero no engordan y son más atractivos. Un equipo de investigadores del Centro Nacional de Biotecnología, en Madrid, ha descubierto por qué unos ratones modificados genéticamente consiguen mantenerse delgados a pesar de atiborrase de comida hipercalórica. La clave reside en un mecanismo cerebral que impide que los roedores ganen kilos, la ausencia de una pequeña proteína. El estudio puede tener aplicaciones en el tratamiento de la diabetes tipo 2 provocada por la obesidad y refuerza las líneas de investigación que apuntan que el cerebro juega un papel básico en la cantidad de comida que ingiere el ser humano
La investigación, cuyos resultados han sido publicados en la revista Genes and Development, ha sido desarrollada por el equipo de la científica Guadalupe Sabio en colaboración con el centro Roger Davies del Howard Hughes Medical Institute, en Massachusetts (EE.UU.).
Los científicos que estudian la diabetes de tipo 2, la clase más común de la patología, están muy interesados en la conexión de la enfermedad con la obesidad, pues las personas con sobrepeso tienen más posibilidades de desarrollarla que las delgadas. Para conocer los mecanismos moleculares que provocan diabetes en quienes consumen dietas ricas en grasas, la comunidad científica trabaja en la actualidad con ratones modificados genéticamente que no producen la proteína de señalización celular JNK1.
Hasta el momento, los investigadores sabían que los modelos animales sin JNK1 se mantenían delgados y sin diabetes, a pesar de ingerir alimentos grasos. Sin embargo, lo que se desconocía es si los ratones no eran diabéticos por la carencia de la proteína o, simplemente, por ser delgados. Con el ánimo de dar respuesta a esta cuestión, Sabio y su equipo han generado diferentes modelos de ratón en los que JNK1 está ausente en diversos tejidos y órganos.
El poder del cerebroSegún las conclusiones de la investigación, el motivo podría estar en el cerebro: si JNK1 desaparece del cerebro, se produce un bloqueo de ganancia de peso. «Estos resultados avalan la importancia de la proteína JNK1 en el sistema nervioso a la hora de regular el metabolismo del organismo. Su carencia, si es sólo en el cerebro, hace que los ratones coman menos, sean más activos y, por tanto, tengan un mayor gasto energético, incluso en casos de dietas ricas en grasas», apunta Sabio.
El hallazgo refuerza las líneas de investigación que apuntan que el cerebro juega un papel básico en la cantidad de comida que ingiere el ser humano. De hecho, una de las observaciones del trabajo concluye que, alimentados con un tipo de comida muy grasa, los ratones sin JNK1 en el cerebro tienen una mayor cantidad de receptores de una hormona encargada de regular la sensación de saciedad, la leptina. «Al haber más receptores, el efecto de la hormona es mayor y provoca que los ratones coman menos», añade Sabio.
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