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Viernes
, 05-02-10 a las 12
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El presidente Dmitri Medvédev asegura pretender impulsar una reforma del sistema político ruso para hacerlo más abierto y democrático, pero los hechos indican lo contrario. La Policía ha vuelto a emplearse a fondo con quienes intentaron manifestarse en la plaza Triumfálnaya de Moscú en defensa del artículo 31 de la Constitución rusa, el que se refiere a la necesidad de respetar los derechos de reunión y manifestación. Los agentes practicaron un centenar de detenciones y golpearon con dureza a los congregados.
Los dirigentes rusos interpretan el artículo 31 de la Carta Magna a su manera y consideran legítimo prohibir mítines convocados por lo que ellos consideran «oposición radical». Así volvió a suceder ayer por la tarde y, según la radio Eco de Moscú, fueron detenidas más de 100 personas, entre ellas el ex viceprimer ministro, Borís Nemtsov, los activistas del movimiento «La Otra Rusia», Eduard Limónov e Iliá Yashin, y los defensores de los derechos humanos, Lev Ponomariov y Oleg Orlov.
En el acto de protesta, en el que participaron unas 500 personas, estuvo también presente Liudmila Alexéyeva, jefa del Grupo de Helsinki en Rusia. Los antidisturbios, en número superior a los manifestantes, obligaron a Alexéyeva, que tiene 82 años, a abandonar el lugar, pero no llegaron a arrestarla, como sí hicieron hace un mes, en la tarde de fin de año. «La Otra Rusia», la organización «Solidarnost» (Solidaridad) y otros grupos opositores llevan desde el verano llamando a la ciudadanía a mostrar su malestar en la última jornada de los meses con 31 días.
Cese de PutinNo sólo se reivindica el respeto al artículo 31 de la Constitución sino también la destitución del primer ministro, Vladímir Putin, presidente de Rusia entre 2000 y 2008, por la inoperancia de su Gabinete ante la crisis. El cese inmediato de Putin fue precisamente la consigna más coreada el sábado en el enclave ruso de Kaliningrado, antigua Prusia Oriental. Se reunieron unas 10.000 personas, en la que fue la concentración más importante de los últimos meses. Nemtsov abrió el mitin y pudo acabar su discurso porque el gobernador local, Gueorgui Boos, no se atrevió a enviar a la Policía.
El acto de Kaliningrado contó también con el apoyo del Partido Comunista. Su líder, Guennadi Ziugánov, dijo en el marco de una conferencia que «la clase obrera vuelve a despertar de su letargo». En un intento de capitalizar las últimas movilizaciones, Ziugánov afirmó que «si sacamos a la calle en Moscú a 200.000 personas, caerá el Gobierno, y si reunimos a 300.000, nos pondremos al mando del país». Los delegados que acudieron al encuentro aprobaron una declaración acusando al Gobierno de «destruir la economía y degradar los servicios sociales».


