Medidas duras y cambios estructurales es lo que necesita Grecia. Son palabras del primer ministro socialista Papandreu que desde el Foro de Davos ha dejado claro que su Gobierno afrontará la difícil crisis del país, aunque reconoce que costará sangre de todos. Con un déficit público del 12,7% en 2009, Papandreu ha prometido que su país cumplirá con las normas de la UE y este año rebajará su déficit al 8,7%, al tiempo que descarta que sea Bruselas el que le saque las castañas del fuego.
Papandreu advirtió que lo que está pasando Grecia le puede ocurrir a otro país europeo y subrayó que serán imprescindibles no sólo recortes de gasto en el sector público, también reformas fiscales y ahorro en los salarios de los funcionarios. Es decir, que los poderosos funcionarios públicos helenos verán sus sueldos recortados y que unos cuatrocientos organismos estatales tendrán que desaparecer. Un alto precio político, creen los analistas.


