
JAIME GARCÍA González-Sinde, Zapatero, Arango y Zugaza (en el centro), junto a los representantes de los museos condecorados, en el Prado
Los descendientes de los héroes
Carlos, hijo de Timoteo Pérez Rubio, puede pasear por el Prado con el orgullo de saber que su padre «salvó» las obras que cuelgan en él. Ayer no ocultaba su satisfacción: «¿Que debía haberse hecho antes? Puede ser, pero la Historia es así. Por lo menos se ha hecho. Mi padre siempre guardó silencio sobre este asunto. Fue para él descorazonador. No pudo volver a España por no firmar en Ginebra la adhesión al Gobierno de Franco». ¿Lo considera un héroe? «No, lo suyo fue un hecho de responsabilidad».
Por su parte, el conde de Sert, sobrino nieto de Josep Maria Sert, subraya que «la burocracia del Régimen se opuso a la idea de su tío de conseguir la unión de los museos internacionales. Fue un hombre progresista; le metieron en la cárcel por rojo y separatista y a punto estuvieron de fusilarle. Le salvó Serrano Súñer».
Por su parte, el conde de Sert, sobrino nieto de Josep Maria Sert, subraya que «la burocracia del Régimen se opuso a la idea de su tío de conseguir la unión de los museos internacionales. Fue un hombre progresista; le metieron en la cárcel por rojo y separatista y a punto estuvieron de fusilarle. Le salvó Serrano Súñer».
Martes
, 26-01-10
«El canto de los pájaros», de Pau Casals, fue la banda sonora elegida para el acto de restitución y justicia que tuvo lugar ayer en el Museo del Prado. Presidiendo la sala, una de las protagonistas de aquella odisea, «Las Meninas», que salió de España en febrero de 1939 en un exilio temporal en Ginebra, junto a otros muchos tesoros del Patrimonio artístico español, huyendo de los bombardeos de la Guerra Civil. Volvió a casa el 9 de septiembre de aquel año. A punto estuvo el cuadro de sufrir un accidente: se comprobó en San Sebastián que la caja en la que viajaba en el tren se había desplazado, pudiendo haber chocado en un túnel. A la altura de El Escorial, hubo un incendio en el eje de las ruedas del furgón de cola. Pero el lienzo llegó sano y salvo al Prado, al igual que el resto de las obras, excepto dos, ambas de Goya: «La carga de los mamelucos» y «Los fusilamientos del 3 de mayo». Detalle que obvió ayer el presidente del Gobierno en su discurso: «A pesar de las dificultades no sufrieron ningún desperfecto».
Con el acto de ayer, el Gobierno ha querido rendir un homenaje «in memorian» al Comité Internacional que hizo posible el salvamento de esos tesoros. En nombre de sus protagonistas -todos han muerto- recibieron la Orden de las Artes y las Letras representantes de museos de Francia, Reino Unido, Suiza, Holanda, Bélgica y Estados Unidos (eso sí, se echó en falta a algún director y, especialmente, a alguien del Louvre, representado por el embajador de Francia en España, Bruno Delaye). La deuda de gratitud hacia ellos se hizo extensiva en todas las intervenciones. Así lo hicieron el presidente del Patronato del Prado, Plácido Arango, y la subdirectora general de Cultura de la Unesco, Françoise Rivi_re. La ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, cree que «si hoy consideramos héroes» a todos aquellos hombres y mujeres que participaron en el salvamento «es porque no aspiraron a serlo». Cerró el acto José Luis Rodríguez Zapatero, que estuvo acompañado por su esposa, Sonsoles Espinosa: «A la creatividad humana no la callan ni las bombas ni los exilios, porque la Cultura simboliza una fuerza capaz de sobreponerse a la derrota y a la sinrazón».
Fuera del museo, en el Paseo del Prado, se han recreado las cajas en las que viajaron los cuadros. En ellas, paneles con información y fotografías de aquella gesta. Como la primera página de ABC del 10 de septiembre del 39, en la que aparecía una crónica del regreso a España de las obras bajo el titular: «¡Completo el Museo del Prado!».


