El «mono» que quita el sueño a los bares
Lunes , 25-01-10
El gremio de la hostelería está que hecha humo. La inminente prohibición de fumar en todos los locales públicos anunciada por el ministerio de Trinidad Jiménez para 2010 ha llevado al sector de la hostelería encender la luz de alarma y a poner en marcha una campaña con ruedas de prensa simultáneas en toda España, recogidas de firmas hasta por internet y contactos con todos los grupos políticos en busca de apoyo. «No nos están escuchando, no les interesa un acuerdo del sector», afirma José María Torres, del Gremio de Restauración de Barcelona.
Y es que si las ventas de la hostelería, con un descenso del 14% por la crisis, ya no son buenas, el sector prevé, sin humo en los bares, un futuro apocalíptico. Se amparan en las cifras: más 100.000 puestos de trabajo se perderán y 40.000 locales de toda España se verán obligados a cerrar según la Federación Española de Hostelería (FEHR). La CEOE, que apoya a la Federación en sus tesis, doblan, sin embargo, los números, una diferencia significativa. Esto supone que en Cataluña, que representa más o menos un 20% de la actividad estatal, entre 20.000 y 40.000 personas se quedarían sin trabajo y se verían obligados a cerrar entre 8.000 y 14.000 locales. Unas cifras muy elevadas, que bailan demasiado y que están muy alejadas del «coste cero» que tendrá la norma, según el Ministerio de Sanidad.
Pero no se las puede acusar de infundadas. En el punto de miras de estas estimaciones -calculan el cierre de entre el 10 y el 18% de los locales-, está el caso de Irlanda, único país de la Unión Europea (junto con Reino Unido)donde está totalmente prohibido fumar: allí el número de hoteles cayó más de un 16% y el de «pubs» un 25% desde que la ley entró en vigor.
Preocupación sin alarma
«Las cifras de las que habla la FEHR están infladas seguro. Conozco propietarios de bares en Irlanda y Reino Unido y allí se notó un impacto inicial de sólo unos meses, que seguro es lo que pasará aquí», replica Diego, encargado del George Payne, un concurrido bar irlandés del centro de Barcelona.
Y es que algunos propietarios de los locales, pese a tener cierta preocupación, parecen no tomarse al pie de la letra las cifras de las que habla la FEHR. Alfredo, dueño de Casa Freixo, en la capital catalana, explica: «Cuando entre en vigor la ley veremos lo que pasa, pero creo que se está exagerando». A pocos metros, en el restaurante Casp 45, Luis comenta que «poca diferencia habrá, porque la gente, con la crisis, gasta de otra manera» y afirma que está «deseando quitar los ceniceros del local». Y es que sólo quienes trabajan tras la barra saben lo que es respirar durante ocho horas seguidas el humo del tabaco: «Es muy duro, acabamos el día fatal», afirma Lorea mientras tira una caña en la zona de fumadores del George Payne.
Gastos extras
Este bar irlandés invirtió hace cuatro años 8.000 euros pero no confían en percibir compensación alguna. «Estamos deseando que pongan en marcha la nueva ley, pero que no lo hagan a medias. Los vecinos me van a matar, con corrillos a la puerta del «pub», ruido y la acera a modo de cenicero urbano», explica Diego, solicitando que sea la administración quien ponga solución a algo que, si nadie lo remedia, serán los propios locales los que deban hacese cargo de las consecuencias: denuncias de los vecinos, malestar y gasto extra de seguridad para que no se lleven la copa.
En el otro extremo está el barcelonés asador castellano El Yantar de la Ribera y su propietario, Jesús Andrés, quien invirtió 15.000 euros para poder tener zona de fumadores, y quien tampoco espera compensación alguna por realizar las obras, confiando en una ley de corto recorrido que, según él, es una improvisación política. «Nosotros ya hemos notado las consecuencias de esta ley: a veces estábamos al 30% de capacidad y como no había mesas de fumadores los clientes se marchaban», afirma el propietario, quien augura un futuro aún peor: «Aunque venga gente, el fumador consume más, es quien hace la sobremesa».
Con todo, Jesús es optimista y confía en que finalmente la ley no se vuelva tan restrictiva como se anunció. La esperanza es lo último que se pierde. Y si no, como dice Alfredo, «luego vendrá el PP y se podrá fumar otra vez».

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