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Actualizado Lunes , 25-01-10 a las 08 : 54
Comer, cenar y tomarse una copa sin verse envuelto en el humo de un cigarrillo es posible en Italia desde hace cinco años, debido al cumplimento a rajatabla de la ley aprobada en 2005 que prohíbe fumar en los lugares públicos.
En enero de 2005, entró en vigor la ley anti-tabaco del ministro de Sanidad de entonces Girolamo Sirchia, que prohíbe fumar en los locales públicos con multas para los que la incumplan que van de los 27,5 euros (39 dólares) hasta los 275 (388 dólares), y el doble si el cigarrillo se enciende en presencia de niños o mujeres embarazadas.
También obliga a los propietarios de bares y comerciantes a denunciar a los infractores, bajo la amenaza de sanciones de hasta 2.200 euros (3.109 dólares) si no lo hacen.
Se permite fumar sólo en los locales amplios que tengan salas especialmente acondicionadas, separadas mediante tabiques en todos sus lados, con una puerta de cierre automático y ventilación.
La ley, que en un primer momento había desatado la incredulidad de su cumplimiento entre los italianos, es un éxito de civismo en un país donde en otro tipo de obligaciones reina la anarquía.
Los obstinados fumadores se han acostumbrado con rapidez a no fumar en los locales y es habitual que entre plato y plato, si apetece un cigarrillo, salgan a la calle a disfrutar del vicio sea verano o invierno.
También a la puerta de los locales se pueden ver decenas de jóvenes que encienden sus cigarrillos entre una copa u otra, sin que desaten duras protestas entre los amantes del tabaco o los restauradores.
El ex ministro de Sanidad desvela que si al inicio los propietarios de los restaurantes temieron perder clientes, «después han descubierto que la norma acerca a sus locales a clientes nuevos como personas con problemas de corazón, asmáticos...».
En cuestión de estadísticas, la ley anti-tabaco celebra su quinto cumpleaños entre luces y sombras, pues si la aplicación de la normativa produjo durante los últimos cuatro años un descenso general entre los fumadores, en 2009 el número ha vuelto a aumentar.
El pasado año, según datos del Instituto Italiano de Estadística (Istat), el porcentaje de los fumadores aumentó hasta el 23%, llegando a los 13 millones de italianos respecto a los 11 millones del año anterior.
Si la ley parece no haber influido en el número de fumadores, según los últimos datos del Istat, al menos se fuma menos.
En 2008, se vendieron un 2,2%, 42 millones de paquetes de tabaco menos que el año anterior y por primera vez en los últimos diez años las ventas han descendido de los 92 millones de kilos.
No obstante, aumenta el uso del tabaco de liar, sobre todo entre los jóvenes, que lo consideran una alternativa al cigarrillo, ya que les empuja a fumar menos.
También la política ha querido dar ejemplo y tras la aplicación de la ley, dos conocidos fumadores como el líder derechista y actual presidente de la Cámara de los Diputados, Gianfranco Fini, y el exponente de la izquierda y ex presidente del Gobierno Massimo D'Alema, han anunciado que han dejado el vicio.
La próxima propuesta contra el tabaco la han hecho los aliados de Silvio Berlusconi en el poder, la Liga Note, que quieren prohibir fumar mientras se conduce y prevén multas de hasta 250 euros (353 dólares) y restar cinco puntos del carné, ya que «el cigarrillo es más peligroso que hablar con el móvil».
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