
Cecilia Morel de Piñera, entrevistada por ABC en sus oficinas de Santiago de Chile
Domingo
, 24-01-10
El once de marzo, Sebastián Piñera, economista, político y empresario multimillonario, tomará posesión de la Presidencia de Chile. Su mujer, Cecilia Morel, de 56 años, se convertirá ese día en la primera dama del país. Tendrá a su cargo una gran red de fundaciones donde intentará «desempeñar un papel social, no asistencial», aclara.
Licenciada en Relaciones Humanas y Orientación Familiar, la mujer más poderosa de Chile durante los próximos cuatro años trabajará, como ha hecho hasta ahora desde su propia fundación, en lograr «mayor dignidad, autoestima, viviendas, asistencia sanitaria y apertura del mercado laboral para mujeres y jóvenes», afirma.
-A su marido le comparan con Silvio Berlusconi.
-Me río cuando lo hacen. Sebastián es la antítesis de Berlusconi, no puede ser más diferente. Su único lujo es un helicóptero que aprendió a pilotar hace seis años. También han dicho que yo era una rubia exuberante adicta a las cirugías estéticas, y usted me puede ver. (Se nota que no ha recurrido al bisturí).
-¿A qué atribuye la victoria de su marido el pasado día 17?
-A un programa de gobierno, a la sólida unidad de los partidos de la Alianza (oposición) y al desgaste, con casos de corrupción, de veinte años de gobierno de la Concertación (oficialismo). Frei, además, no era el mejor candidato. Pero, sobre todo, a que Sebastián representa un liderazgo muy nítido, fuerte y claro. Le ven como a un hombre de éxito.
-Sus cuatro hijos colaboraron en la campaña. ¿Van a tener algún cargo?
-Nadie va a tener un cargo. Si Magdalena -la mayor- quiere ayudar a Sebastián, tendrá que hacerlo «ad honorem».
-Coincide en que la derecha tiene cierto complejo a reconocerse como tal...
-Sebastián rompió hace veinte años la barrera entre derecha e izquierda. No estaba a favor de la dictadura, pero con la frente alta reconocía las cosas buenas que había hecho Pinochet. Nunca tuvo dudas.
-La primera imagen de su marido como presidente electo fue con su familia y la de Eduardo Frei. Imaginar eso en muchos países resulta imposible.
-En Chile no hay una discusión de fondo sobre un sistema versus otro. Las diferencias radican en los valores y, fundamentalmente, en el aborto -está en contra- y en la forma de abordar el tema de la mujer.
-¿Le molesta que les vinculen con la era Pinochet?
-Nuestra trayectoria está en los medios de comunicación de la época. El que no lo quiera reconocer es asunto suyo, de mala voluntad. Ahora, que no nos endosen el golpe militar. Es un problema histórico en el que la izquierda se lava las manos como si ellos no tuvieran nada que ver, como si Allende fuera un santo inmaculado y mártir, y de repente nos cayó del cielo ese demonio porque la derecha era muy mala... Es increíble.



