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Sábado , 23-01-10
La doctrina bancaria de Obama comienza a extenderse como una mancha de aceite. En España, pese a que oficialmente las medidas han sido recibidas de buena gana, en el sector aseguran que la nueva corriente regulatoria ha encendido muchas luces de alarma. La gran banca teme que Europa opte por limitar el tamaño de las entidades con riesgo sistémico, exigiendo mayores niveles de capital a las que superen un determinado volumen de balance. Santander y BBVA centran, en este punto, todas las miradas, pues ambos lideran el ranking nacional de bancos.
Pero las sospechas del sector no cesan aquí. También contemplan la posibilidad de que Europa imponga a sus entidades sistémicas una tasa con la que se sufragaría el daño que una eventual quiebra produciría al mercado. También Obama anunció hace una semana un «impuesto de responsabilidad» con el que busca recuperar el dinero público gastado en rescatar al sistema. Pocos días después, la vicepresidenta económica, Elena Salgado, reconocía que la UE debatirá una medida similar en la reunión informal de ministros de Economía de la UE de abril.
Ayer, las reacciones no se hicieron esperar. Miguel Martín, presidente de la AEB, consideró acertado diferenciar entre la banca comercial y la de inversión y apuntó que el tratamiento de las entidades sistémicas que ha anunciado Obama coincide con la línea defendida por la patronal bancaria. El director general de la CECA, José Antonio Olavarrieta, también dijo compartir la posición estadounidense y consideró lógico que aquellos que han recibido cantidades multimillonarias de los contribuyentes sean controlados por los gobiernos. Eso sí, recordó que no es el caso español, ya que aquí los avales e incluso el nuevo FROB, no incluye ayudas directas, sino préstamos que luego se devuelven.
«Muy injusto»
Sin embargo, también hubo voces discordantes. Jaime Echegoyen , consejero delegado de Bankinter aseguró que sería «muy injusto» y «no tendría sentido» que a la banca española se le aplicase un impuesto similar dadas las diferencias que separan ambos sistemas financieros. Pero lo cierto es que el malestar de las instituciones con la banca no es nuevo. Se remonta a la pasada cumbre del G-20, cuando decidió elevarse los niveles de capital y liquidez exigidos, aunque de manera gradual para dar margen de maniobra a las entidades.
La percepción ahora es que el sector financiero ha respondido aprovechándose de este paréntesis regulatorio -y del dinero barato- para especular y engordar los bonus de sus directivos. Y de aquellos polvos vienen estos lodos. Aunque no están exentos de riesgo. Los expertos advierten de que el sobrecoste que supondrá a los bancos elevar sus niveles de capital terminará siendo soportado por familias y empresas en sus créditos.
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