Viernes
, 22-01-10
APESAR de las circunstancias excepcionales que sufre Haití, es imprescindible actuar con el máximo rigor y precaución en la delicada materia de la adopción internacional de menores. Conviene no precipitarse en nombre de una solidaridad que puede traer consecuencias no deseadas y, en muchos casos, irreparables. Como ayer informaba ABC, la legislación española impide iniciar trámites de adopción de menores cuando su país de origen sufra un desastre natural. Únicamente cabe ahora agilizar, a través del Ministerio de Exteriores, los siete casos pendientes teniendo en cuenta que hace tiempo que la adopción de niños haitianos está suspendida por falta de garantías. La regla general establecida por nuestro Derecho es razonable y debe mantenerse a pesar de que las circunstancias dramáticas podrían mover a realizar una interpretación flexible. No debe caer en saco roto la advertencia de las ONG e instituciones oficiales sobre el grave riesgo que corren los menores indefensos de caer bajo el control de bandas de criminales formadas por desaprensivos dispuestos a aprovechar el dolor de unos y las buenas intenciones de otros. Antes que la adopción, lo que verdaderamente urge ahora es la cooperación y la protección sobre el terreno de miles de criaturas indefensas, labor que están llevando a cabo de manera admirable distintas organizaciones humanitarias.
La normativa en materia de adopción internacional ha permitido en los últimos años que muchas familias españolas contribuyan a paliar el drama que viven niños en distintos lugares del mundo. En el caso actual, son muy lógicas las cautelas que obligan a cumplir escrupulosamente los requisitos legales. Países como Francia, Estados Unidos y Holanda se han hecho cargo ya de varios cientos de menores en situación de total desamparo. Sin embargo, sería mejor -como sugieren quienes actúan sobre el terreno- proceder a la atención de sus necesidades inmediatas y, una vez superada esta primera fase, poner en marcha los mecanismos ordinarios de adopción o de acogimiento internacional, cambiando en lo que proceda una ley que actualmente excluye a Haití por falta de garantías jurídicas. Los próximos meses van a ser un infierno para miles y miles de niños haitianos, ya en condiciones desesperadas. Ninguna voz más autorizada que la de quienes llevan días en medio del caos volcándose con los más necesitados. Si ellos reclaman prudencia, nada más razonable que atender una petición que es fruto del trabajo abnegado y la experiencia.

