Viernes
, 22-01-10
A pesar de que la historia política de Estados Unidos desde el escándalo «Watergate» puede resumirse como un pulso constante para limitar la influencia electoral del dinero privado, el Tribunal Supremo declaró ayer como ilegales las limitaciones impuestas por la ley McCain-Feingold a los donativos de campaña realizados por las empresas, organizaciones privadas y sindicatos.
La trascendental decisión -adoptada por el voto de cinco magistrados contra cuatro e inspirada por un vitriólico video electoral contra Hillary Clinton producido en el 2008- argumenta que las donaciones políticas forman parte de la libertad de expresión que reconoce la Constitución de Estados Unidos en su primera enmienda. Y por lo tanto no pueden estar sometidas a limitaciones dictadas por el Congreso.
Los magistrados disidentes no han dejado de advertir que el libre flujo de dinero con fines electorales es una forma segura de corromper el sistema democrático. Recalcando que la mayoría conservadora en el Supremo ha cometido el grave error de equiparar la libertad de expresión corporativa a la de ciudadanos individuales.


