
Viernes
, 22-01-10
Ante los vaticinios de que por su actual camino terminará convertido en un «Carter negro» -es decir, un presidente que llega con un superávit de respaldo popular e ilusión pero que al sumar toda clase de fracasos termina siendo despedido tras un primer mandato-, Barack Obama ha recurrido a una especie de examen de conciencia público para encajar los resultados de Massachusetts y la pérdida de la «súper-mayoría» de los demócratas en el Senado de Estados Unidos. En este ejercicio de sinceridad y de asumir responsabilidades políticas, el ocupante de la Casa Blanca ha reconocido la pérdida de su privilegiada y directa conexión con el electorado americano.
El presidente, a través de una entrevista en la cadena ABC, se ha lamentado de que durante su primer año de gobierno «hemos estado demasiado ocupados haciendo cosas y lidiando con crisis inmediatas, hasta el punto de haber perdido parte del sentido de hablar directamente al pueblo americano». Con el agravante de no haber sabido dar voz a las grandes frustraciones generadas por la recesión económica entre la clase media.
Obama ha destacado como su mayor error personal el asumir que si se concentraba en tomar decisiones, los votantes entenderían necesariamente su lógica. Pero según el presidente, el resultado no deseado de todos estos esfuerzos mal dirigidos es que sus compatriotas han terminado con «un sentimiento de distancia e indiferencia» hacia la cúpula del gobierno en Washington.
Como estrategia de rectificación, sobre todo de cara a las legislativas previstas para noviembre, la Casa Blanca y los líderes demócratas en el Congreso han asumido la prioridad de concentrarse en la lucha contra la crisis económica y la creación de empleo. Nuevas prioridades alentadas por el miedo entre los cargos electos del Partido Demócrata a ser las próximas víctimas del tóxico ambiente electoral materializado en Massachusetts.
Menos es más
La conquista republicana del «escaño Kennedy» también ha forzado un tenso debate interno sobre qué hacer con el polémico proyecto de reforma sanitaria atascado en la recta final de su tramitación parlamentaria. La Administración Obama ha descartado la posibilidad de forzadas maniobras parlamentarias para acelerar su aprobación, contemplando la alternativa legislativa de conformarse con una reforma puntual y consensuada.
Nancy Pelosi, la «speaker» de la Cámara Baja, reconocía ayer que carece de los votos suficientes para asumir como propia la ambiciosa versión legislativa ya aprobada por el Senado. Algunos demócratas creen que sería posible lograr el apoyo de los republicanos para medidas encaminadas a contener gatos e imponer ciertos límites a los seguros médicos privados. Esta aproximación parece contar con el respaldo del propio Obama al haberse declarado partidario de «avanzar rápidamente para unirnos en torno a los elementos de la reforma que todo el mundo respalda».



