Viernes
, 22-01-10
Uno tenía la intención de no desvelar la sorpresa que aguarda al espectador de «Ricky», que comienza como un drama romántico y suburbial, casi al estilo Guédiguian, hasta que echa a volar hacia el género cómico-fantástico y se convierte en secuela involuntaria de nuestro «Tobi» setentero. Ya está dicho, porque después de leer la interesante entrevista a Sergi López que acompaña a este comentario, carecía de sentido hacerse el críptico.
Ozon cambia de marcha sin perder la compostura ni el interés acumulados en la primera mitad, indiscutible mérito de un director tan sugerente como arrojado. Más allá del desconcertante y divertidísimo quiebro que propone, y que deja en pañales el giro vampírico de «Abierto hasta el amanecer», este Ricky nos ofrece, antes y después de nacer, momentos para la reflexión. ¿Es lícito que una madre, aferrada por instinto al cordón, esté dispuesta a cortarle las alas a su hijo aunque sea con el noble propósito de volverlo «normal»? ¿Mutilaría usted, si estuviera en sus tijeras, el sueño del homo desde que es sapiens sólo para evitar posibles sufrimientos y algún coscorrón? ¿Como sería si aprendiéramos a aletear antes de empezar a andar? Con la sobreprotección y el abandono como contradictorios pecados de la protagonista, alabemos también a la hermanita mayor, único personaje responsable del filme.

