Rodríguez Zapatero lanzó la idea de la posibilidad de sancionar a los países que no cumplan sus compromisos económicos.
Jueves , 21-01-10
«Resista, señor Zapatero, no se deje impresionar por las críticas aunque sean del ministro de economía alemán». Esto es lo que le aconsejó al presidente del Gobierno el líder de los liberales en la eurocámara, el belga Guy Verhofstadt, el más entusiasta en defender la propuesta de instaurar sanciones para obligar a los países a cumplir sus compromisos en materia económica.
De hecho, en el debate de ayer los principales oradores de los partidos centraron sus intervenciones en este asunto que está en las páginas de los diarios de toda la UE desde hace un par de semanas, a raíz de de que el propio Rodríguez Zapatero lo mencionase ante un grupo de corresponsales europeos.
Además de Verhofstadt, el líder de los populares, Josep Daul; el de los socialistas, Martin Shultz, y sobre todo el presidente de la Comisión, Durao Barroso, apoyaron este debate de profundidad, en el que está en juego la definición de Europa y de quien será el encargado de gestionarla. Todos acogieron la discusión con intensidad, incluso para criticarla como hizo el conserdor británico Kirkhope diciendole que le parece un «método socialista de comando y control» y que «antes de pensar en sanciones a los demás ponga orden en su casa».
Pero por lo visto ayer en Estrasburgo, el problema es que el único que parece no estar al corriente del significado de ese debate parece ser el mismo que lo lanzó, Zapatero. Si hubiera que sancionar a los países, aquel que tenga que hacerlo será realmente el auténtico poder en la UE y por ello es evidente que no encontrará apoyo real para eso entre sus colegas del Consejo Europeo. Barroso esgrimió los artículos del Tratado de Lisboa que le atribuyen la capacidad de «supervisar» ese cumplimiento, pero como comentaba un eurodiputado francés «resultará patético ver cómo queda Durao el día 11 cuando Van Rompuy consagre su posición en una cumbre sobre economía».
Ajeno a todas las claves
Zapatero parecía ajeno a estas claves de su propio mensaje y continuó en la ambiguedad de que por un lado «nadie está hablando de sanciones»pero al tiempo que la estrategia de Lisboa fracaso y que para garantizar el éxito de la nueva política «2020» «estoy completamente de acuerdo con Verhofstadt».
De pedir la coordinación en materia de política económica, en dos semanas de Presidencia ha pasado a una defensa de una coordinación de la política energética, que es algo a lo que nadie se puede negar, aunque tampoco haga nada.

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