El prestigioso historiador Nigel Glendinning vuelve a reivindicar la autoría del Sordo de Fuendetodos en un artículo publicado en la revista «Goya»_ Desarma los argumentos de Manuela Mena y vuelve a criticar al Prado por aceptar «su falta de rigor»
Jueves
, 21-01-10
Una vez más vuelve El Coloso a luchar contra las sombras. Otra vez su paladín es Niguel Glendinning, el prestigioso historiador de la Universidad de Londres que encabeza la rebelión de importantes estudiosos contra la decisión más contestada en la historia del Museo del Prado: la retirada de la autoría de Goya al Gigante.
Glendinning ha vuelto a estudiar los argumentos de Mena y no le convencen: «Uno se pregunta cómo el Museo del Prado ha dejado publicar argumentos tan poco convincentes y en algunos casos obviamente erróneos en su Boletín. Todos los estudiosos estamos expuestos a cometer errores, pero el requisito ineludible es el rigor. Sus dudosos criterios, aceptados indebidamente, han dado lugar a la descatalogación de un cuadro sin que se haya demostrado su insuficiencia ni examinado rigurosamente la teoría de que lo haya pintado y firmado con sus iniciales Asensio Julià.»
Dos varas de medir
El ensayo que ayer publicó la revista especializada Goya será el último que Glendinning escriba defendiendo la autoría goyesca de El Coloso. Para él la conclusión es rotunda: Mena «acentúa lo negativo y elimina lo positivo en los argumentos a favor de Goya y lo opuesto cuando se trata de atribuir El Coloso a Asensio Juliá».
A Nigel Glendinning le llama la atención la importancia que da Mena a la falta de referencia en los ensayos de libros decimonónicos, como si esa falta constituyese un argumento de mucho peso, cuando este mismo problema no fue tenido en cuenta por Mena cuando avaló la compra para el Prado de las obras Tobías y el ángel y Sagrada Familia, «a pesar de la ausencia casi total de datos fehacientes sobre su procedencia y el dudosísimo carácter de los antecedentes estilísticos que cita». Daría la impresión de que Glendinning subraya que la estudiosa a la que el Prado otorga su confianza usa dos varas de medir.
Lo mismo ocurre con la supuesta firma donde Mena quiere que veamos fragmentos de las siglas «AJ» como firma de Asensio Julià, pero «pasa por alto» antiguas fotografías del cuadro donde, según Glendinning, se observan restos de una X seguida de el número 18 «y no se ha preocupado por buscar, como nosotros hemos hecho, el dictamen de un experto». Ni ha comparado «con rigor los trazos que a ella le parecen letras con las iniciales de Julià» en firmas conocidas.
Las comparaciones que Mena hace de El Coloso con otras obras son también intencionales para el británico (cabezas en primer plano y de gran acabado) y prefiere la comparación con los Desastres de la Guerra, y detalles de los números 28, 30 y 55. En definitiva, Glendinning refuerza su teoría de que el cuadro fue pintado durante la invasión y se extraña de que Mena no haya citado ni por asomo la existencia del cuadro gemelo de Goya, de tema alegórico y medidas similares, que se perdió desgraciadamente, pero del que quedan testimonios elogiosos.
Por si esto fuera poco, el estudioso acusa a Mena de errar en la interpretación del título que el cuadro recibe en el inventario de 1874: Vna Alegoría profética de los desastres de la Guerra de la Yndependencia. Lejos de ser una invención de Poleró, Glendinning mantiene otra tesis. Para empezar disiente de Mena cuando afirma que el término Guerra de Independencia es muy posterior y que la palabra desastres lo vuelve incongruente. Porque opina el británico que sólo es incongruente si se mantiene la tesis de Mena de que el cuadro es muy posterior a 1808, momento en el que esa Alegoría tiene toda su fuerza profética y patriótica. Además el Vna e Yndependencia del título son arcaísmos en 1874 -ya se dice Una e Independencia por entonces-, y refuerzan la lógica de pensar que están copiados de otro inventario anterior manteniendo la antigua ortografía. En resumen, Glendinning mantiene que se trata del Gigante del inventario de 1812, número 18. Nada ha cambiado para él pese a la decisión del Prado, y además sigue viendo el ojo del Gigante abierto.


