Ajuste de cuentas en la Concertación tras la derota de Frei_ Jóvenes democristianos se atrincheran y exigen un «mea culpa»
Martes
, 19-01-10
El nuevo capítulo de la historia de Chile intentará escribirse con las palabras «unidad, diálogo, esperanza y futuro». Estas fueron las más repetidas en el primer discurso de Sebastián Piñera como presidente electo (51,6 por ciento de los votos). Entre ellas se coló un deseo: que la oposición actúe con firmeza pero con lealtad.
La intervención de Piñera tuvo muy presente las palabras horas antes de Ricardo Lagos y de Eduardo Frei (48,4 por ciento). Ambos ex presidentes, impecables en las formas, anticiparon tiempos duros para el próximo gobierno. «Haremos una oposición con la grandeza que corresponde, pero defenderemos los avances logrados», dijeron. Piñera supo leer entre líneas y pidió a la oposición que «actúe con firmeza pero con lealtad, que fiscalice con rigor pero tenga una actitud constructiva que nos permita avanzar».
El presidente electo no tiene fuerza propia en el Parlamento que le permita actuar con las manos libres. Depende para su gestión de la mayoría de la UDI (Unión Demócrata Independiente), su socio en la Coalición por el Cambio, de centro derecha, que le ha llevado al Palacio de la Moneda. Si no quiere ser su rehén deberá cumplir la difícil promesa de «construir sobre roca y no arena un gobierno de unidad nacional». De no hacerlo estará obligado a lograr una Administración muy parecida a ese propósito. En caso contrario, tendrá que dar buena muestra de su mano izquierda para convencer de sus propósitos a la derecha más radical que encarna la UDI.
Como Aylwin
El objetivo de Piñera, de origen democristiano, es intentar reflotar una política de consensos similar a la ejercida por Patricio Aylwin (Democracia Cristiana) en el primer gobierno que siguió a la dictadura de Augusto Pinochet (1973-90). Para ello se comprometió a llevar adelante «una segunda transición, joven, nueva, del futuro, que permita ser un país más justo, más desarrollado y capaz de dar igualdad de oportunidades a todos los chilenos». En esa línea agradeció «la oportunidad, no para hacer tabla rasa del pasado sino para demostrar que podemos hacer las cosas mejor».
El hombre que administrará Chile durante los próximos cuatro años medía al milímetro sus palabras y un doble mensaje se escurría entre ellas. Mientras tendía una mano a la oposición describía un cuadro de los últimos veinte años de Chile desolador y se refería a la Concertación como si se tratara de un régimen autoritario y Chile necesitara ahora «aire puro para renovar nuestro país».
Discursos aparte, el gesto de Piñera de hacer su primera aparición pública acompañado de la familia de Frei al completo y de la suya propia, fue recibido como una auténtica declaración de buenas intenciones. El simbolismo de una imagen de Chile unido se le reconoció a él y a Frei, que atraviesa uno de los peores momentos de su vida política.
El perdedor de las elecciones se desayunó ayer con la noticia de una rebelión juvenil a bordo de la Democracia Cristiana. Su fracaso en las urnas sirvió en bandeja el motín de más de sesenta militantes en la sede del partido de Santiago. Los rebeldes estaban disconformes con el papel desempeñado por la cúpula del partido y el suyo personal, aunque la peor parte se la llevo Juan Carlos Latorre, el presidente de la Democracia Cristiana: «Ha sido poco humilde, queremos que asuma su responsabilidad. Que se acerque a esta sede con valentía y reconozca públicamente sus errores», reclamó el presidente de la Juventud Democratacristiana, Héctor Gárate.
Interviene Lagos
El malestar dentro de la DC era extensible al que se registraba en el resto de los partidos de centro izquierda que forman la Concertación. Los reproches y las caras largas se suceden desde la noche más negra de su historia. El temor a que, después de 20 años de vida, la Concertación haya firmado su sentencia de muerte se extiende como un reguero de pólvora. El ex presidente Ricardo Lagos intervino para evitar que el polvorín estalle, cuando todavía están pegados los carteles de campaña por el país. Figura de máximo respeto en las filas del socialismo, Lagos entonó el mea culpa de la derrota, pero llamó al orden para evitar la ruptura de un proyecto que, pese a lo que dijo, ya no existe. Al menos no como era ayer.


