Ni trabajan, ni estudian y no buscan trabajo. Mimados en su infancia y criticados en la pubertad. Más de medio millón de jóvenes españoles viven en el país de Nunca Jamás, negándose a crecer. ¿Ángeles o demonios? Los expertos resuelven la incógnita
En el limbo de la generación «Nini»
Alejandro Lucas, con su perro, en el domicilio paterno donde vive / ERNESTO AGUDO
Más de medio millón de ilusiones perdidas en España
¿Cuántos «Ninis» hay en España? Si nos ceñimos a los últimos datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) nos encontramos con que 562.100 jóvenes con edades comprendidas entre los 20 y los 29 años son inactivos: no estudian, ni trabajan, ni buscan forma activa de un empleo. «Hay que saber leer bien las estadísticas —explica el director del Observatorio de la Juventud—, hay que extraer de esa cifra aquellos jóvenes que realizan labores del hogar, con alguna incapacidad, cobrando pensiones o que realizan trabajo social. En realidad, hablaríamos de unas 60.000 personas que se ciñen a esa categoría de “Nini”», concluye Camacho.
«Doctor, ¿qué hacemos con el niño? Estamos desesperados». Letanías similares se escuchan con periodicidad en la consulta de Paulino Castells, psiquiatra especialista en temas de familia y testigo de esta nueva camada de españoles que han convertido su desmotivación e inactividad en filosofía de vida.
Ni trabajan ni estudian, los integrantes de la generación «Nini» son jóvenes entre 18 y 31 años que mecen su incierto futuro entre la indolencia y el conformismo. Están carentes de ilusiones «y se pasan el día en zapatillas»: es la radiografía con la que el psiquiatra Paulino Castells se guía para detectar a un miembro de la generación «Nini».
Educación errónea
Más de la mitad de nuestros jóvenes declaran no tener un proyecto que les ilusione, el 40% de ellos no leen ni un libro al año mientras que el 96% tiene móvil. Para el doctor Castells, profesor de Psicología en la Universidad Abat Oliba-CEU, los «Nini» son las secuelas de una década prodigiosa a nivel económico, «sus padres se han volcado en ellos, les han dado todo y les han librado de cualquier esfuerzo o sacrificio». Desde este concepto educativo «erróneo pero hecho con todas las buenas intenciones del mundo», puntualiza Castells, ha aflorado en nuestra sociedad una suerte de jóvenes que han convertido el domicilio paterno en su particular reino de Nunca Jamás.
Hijos de la sociedad del bienestar y nativos digitales, los jóvenes españoles actuales representan, además, el estrato más reducido en siglos. «Se da la circunstancia de que jamás los jóvenes habían integrado un porcentaje tan pequeño dentro de la pirámide poblacional, que apenas llega al 14 por ciento», informa Julio Camacho, director del Observatorio de la Juventud en España, organismo dependiente del Ministerio de Igualdad.
Pocos y desganados, ¿podrán nuestros jóvenes sostener el grueso de una pirámide de población cada vez más envejecida? «No tengo la menor duda de que sí -afirma Camacho-, jamás una generación había estado tan preparada como la de los jóvenes actuales». Para el director del Observatorio de la Juventud, no podemos juzgar tomando la parte por el todo, «me parece exagerado: la mayoría de los chavales son estudiosos y comprometidos». Camacho evidencia, no obstante, una brecha generacional que «hacía cuatro décadas que no veíamos, hay que remontarse a finales de los sesenta para un conflicto tan marcado». Si en el 68 fueron los valores éticos los que abrieron el cisma entre adultos y jóvenes, «en la época actual son las herramientas tecnológicas las que marcan la diferencia: los chavales hablan un lenguaje diferente».
En lo que todos los expertos coinciden a la hora de radiografiar a los cachorros de una España en crisis es en la infancia afortunada que han vivido. «Fueron los primeros «niños-llave». Papá y mamá trabajaban, muchos se han criado con los abuelos y no les ha faltado ningún capricho: han sido y siguen siendo las auténticas joyas de la casa», explica Julio Camacho.
Roberto Ontiveros, director de «Generación Ni Ni», el próximo «reality-show» de La Sexta, coincide al describir la benevolencia de unos padres que «desde la más absoluta bondad lo han dado todo por sus hijos y les han rodeado de comodidades para ofrecerles un presente mejor que el pasado que ellos tuvieron».
Sin esperanza de futuro
Pero nadie miró al futuro: una España inmersa en una profunda crisis que se ha cebado, sobre todo, con los trabajadores más jóvenes. «En contra de lo que históricamente ha sido habitual -relata Ontiveros-, ellos saben que les espera un futuro peor que el de sus padres y eso les desanima por completo: no tienen esperanza de futuro ni fe en sí mismos. Han abandonado, no quieren crecer ni luchar y piensan que el mundo es imposible de cambiar. Es la antítesis de la palabra juventud».
Para elaborar el cásting de este concurso, Ontiveros explica que han sido los progenitores los que movían ficha. «Están desesperados, no saben cómo devolver la ilusión a sus hijos». Algo que coincide con los motivos que llevan a los padres a visitar la consulta de un psiquiatra. Según Castells, siempre está relacionado con una situación límite: «Vienen tarde, cuando el problema ya es grande y siempre solos, el hijo siempre se niega a acudir a la cita con un psiquiatra».
El concurso, que verá la luz la semana que viene, concita a ocho jóvenes en una casa en la que convivirán bajo la tutela de dos educadores con unas normas muy claras: «el que trabaja, come», comenta Ontiveros. Precisamente, este tipo de terapia es la que sigue el doctor Castells. «Para reconducirles, hay que marcar unas pautas concretas, unos horarios estrictos y establecer un cambio radical en la dinámica en la relación con sus padres». Para este reconocido psiquiatra los «Ninis» tienen difícil recuperación. «Es una pena -explica- pues suelen ser chavales muy inteligentes convertidos en déspotas familiares, en tiranos, y acaban inhabilitados para la vida familiar, laboral. En un futuro serán unos inadaptados y unos marginados».

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