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La presidenta de la Comunidad de Madrid asegura, en una entrevista para el suplemento dominical D7, que «España es un país machista»
Actualizado Domingo , 17-01-10 a las 20 : 00
Para ella comenzó el día seis horas antes, cuando, casi de madrugada, se levantó —«un poco tarde, estoy vaga y no hago gimnasia últimamente», se disculpa ante su atónita interlocutora—, desayunó en casa y, pitando, al despacho. Y es que a las nueve la visitaba en la Puerta del Sol el jefe de Gobierno de Cerdeña —«¡que me ha invitado a viajar allí!», bromea— y después, zafarrancho en la Puerta del Sol en forma de Consejo de Gobierno, con la ley de autoridad del profesor, como plato fuerte. Y es entonces cuando la inesperada muerte del tercerista de ABC, Antonio Fontán, rompe la agenda, ya de por sí endiablada, de Esperanza Aguirre.
Pasa una hora del mediodía. «Cambio de planes. La presidenta se va al velatorio de Antonio Fontán. Te vas con ella en el coche para que podáis hablar con tranquilidad». Se nota que quien llama a esta periodista es otra periodista, Isabel Gallego, directora de Comunicación de Aguirre, una presidenta detrás de media docena de carpetas que a duras penas se hacen hueco en el coche oficial. El manual del buen relato aconseja arrancar este reportaje con un «así empieza el día de la presidenta de Madrid». Pero Esperanza Aguirre (Madrid, 1952) no encaja en manuales.
«Tertulias» en el kilómetro 0
Cruzar el puñado de pasos que separa la entrada del palacete de Sol del coche blindado adquiere tintes de hazaña. «¡Esperanza!, ¡Esperanza!». Aquí, acullá, los madrileños la interpelan: «A ver si me arreglas eso que te dije...» le espeta una señora como si ella y la jefa del gobierno fueran vecinas de piso. Y es que algo de eso hay. «A veces —relata la protagonista— hemos montando auténticas tertulias en medio del kilómetro 0, con los problemas que ellos tienen y las soluciones que yo les propongo». Esta suerte de «concejos vecinales» recuerdan a ABC —como si hiciera falta— que su entrevistada fue durante 13 años concejala del Ayuntamiento de Madrid. Rumores no faltan de que podría volver por esos fueros, pero esta vez como alcaldesa.
—¿Piensa acabar sus días políticos en el Ayuntamiento de Madrid?
—No, yo no echo nunca la vista atrás. Aunque no se puede decir nunca jamás a nada, creo que no terminaré mis días allí.
Un alcalde de Madrid, que no es en el que piensa todo el mundo cuando se habla de Esperanza Aguirre, llama a la presidenta durante el recorrido en el coche. «Hola José María, ¿querías algo?». Lo que quería Álvarez del Manzano no viene al caso, pero sí la familiaridad con la que Aguirre trata a su antiguo jefe, con recuerdos incluidos para María Eulalia, la esposa del ex regidor. Por cierto, la presidenta y la periodista se conjuran para no caer en el tópico de hablar, en la entrevista, del sempiterno enfrentamiento Aguirre-Gallardón. A veces, se roza el larguero durante la conversación: sobre todo cuando las obras municipales hacen infranqueables las calles; o cuando se habla de las competencias en disputa; o cuando la política madrileña muestra, anexo a su despacho, el cuarto de baño sin luces que heredó del alcalde... Pero ese detalle doméstico vendrá después. Ahora, la primera presidenta autonómica de Madrid repasa, de camino al acto fúnebre, la agenda de la próxima semana: por la mañana actos públicos y por la tarde muchas visitas en el despacho: el lunes, el martes... y el miércoles en Génova.
—¿Pero tanto se reúne con sus consejeros?
—No es sólo con ellos, es que tengo citas sin hora con los ciudadanos que se dirigen a mí para resolver algo. El día que los recibo en Génova [también es presidenta del PP de Madrid], me dan las nueve, las diez...
—O sea lo de cenar en casa, nada de nada...
—Es difícil pero lo intento. Cuando puedo.
En este punto a ABC le da cierto apuro preguntar por la conciliación familiar, porque espera la respuesta que al final recibe.
—Es que a mí no me gusta que me pregunten eso, porque esa pregunta no se la hacen a los hombres. Pero no se preocupe, le contesto: yo lo he conseguido currándomelo mucho...
—¿El matrimonio?
—Claro, es que llevo 35 años con mi marido; con sus luces y sus sombras, como todas las parejas, pero trabajando mucho para que las cosas funcionen.
—Y, además, usted es una mujer con baraka. Le recuerdo un par de datos, aunque no sea necesario: primero, el accidente de helicóptero del 1 de diciembre de 2005; luego, el atentado en India de 2008, con los famosos calcetines... De ambas cosas salió ilesa.
—Bueno, pero mi principal suerte es haber encontrado a mi marido cuando era una jovencita de poco más de veinte años.
La dirigente popular se refiere a —discreto donde los haya— Fernando Ramírez de Haro, su esposo, con el que se casó el 1 de octubre de 1974 y con el que tuvo dos hijos, Fernando y Álvaro, los dos recién casados, y el primero padre de la primera nieta de Aguirre.
El coche de la dirigente popular es su segundo despacho: periódicos, ordenador, un minitelevisor... Y todo unido al incansable móvil de Aguirre, que muestra a la periodista con ¡19 mensajes sin leer! «Y esto no es nada, yo soy mucho de sms», aclara. Pero también de llamadas: ahora le toca el turno a Antonio Basagoiti, al que telefonea para consultarle por un acto de turismo vasco, porque hay dudas de si acudirá o no Patxi López. Y en el coche no falta algún elemento femenino, indispensable para una mujer que está fuera de casa casi 20 de las 24 horas del día: en vez de corbatas de seda, aquí las medias de recambio se apilan dentro del respaldo de los asientos del coche.
—Ser mujer y poderosa ¿es una combinación explosiva en la política española?
—No sólo en la política. Este es un país machista. Mire si no los consejos de las empresas del Ibex. Bueno, este país y otros.
—¿Qué siente cuando, todavía, en la Conferencia de Presidentes, usted sigue siendo la única mujer?
—Pues imagínese... Pero eso va a cambiar en las elecciones autonómicas de 2011, cuando ya seremos tres: María Dolores de Cospedal, Luisa Fernanda Rudi y yo.
—Tampoco le hará gracia, entonces, que se critique a las ministras, como a Chacón, por su indumentaria...
—Pues no, hasta que también se critique a los hombres. Luego, claro está, hay asuntos de protocolo y etiqueta que hay que respetar.
El vehículo, tras sortear la gyncana de las obras madrileñas, llega a su destino: el Colegio Mayor Castilla, donde reposan los restos de Antonio Fontán, el primer presidente del Senado de la democracia. Aguirre es recibida en la puerta por el ex presidente del TC, Manuel Jiménez de Parga, con el que se funde en un abrazo. De vuelta del pésame, la interlocutora de ABC recuerda a los tres jefes de Gobierno de la democracia que siguen vivos:
—¿No es todo un símbolo que Adolfo Suárez, depositario de nuestra mejor memoria histórica, haya perdido la suya?
—Pues sí. Y yo, que soy defensora del espíritu de la transición que encarnó, entre otros, Suárez, no entiendo que Zapatero haya decidido que esa transición es deleznable porque, según él, se hizo bajo presión del Ejército y de la Iglesia. La memoria histórica que preconiza el presidente consiste en que sólo nos podemos acordar de lo que él quiere que nos acordemos.
—¿Felipe González parece redivivo en los últimos días?
—Pero ha sido el presidente del Gobierno el que le invita a todo. Lo penúltimo, la reunión de sabios contra el paro. Y ya es significativo que Felipe González, que tiene otros valores que yo le reconozco, esté dando consejos contra el desempleo cuando él ha sido campeón, junto a Solbes, de la generación de paro.
Esperanza Aguirre: «Con Rajoy habría menos paro»
Aguirre posa con sus padres y su marido cuando es reelegida como presidenta del Senado, a mediados de 2000
—Le supongo sorprendida por los datos sobre los planes de ETA de lanzar un misil contra el avión de Aznar...
—Sorprendida, no. ETA sabe contra quien atenta. Ya le intentó asesinar en abril de 1995... pero es que sabe que es el presidente más activo contra el terrorismo. Él encabezó la ley de partidos y siempre tuvo claro que había que acabar con ETA.
Por primera vez, la dirigente madrileña eleva la voz. «Yo ya me llevé un susto —rememora— en abril de 1995, cuando de camino al entierro en Málaga de la suegra de Álvarez del Manzano, nos enteramos de que el presidente había salido ileso por décimas de segundo». E insiste: «Lo que me sorprende es que el misil que iban a utilizar hubiera estado guardado en el Ayuntamiento de Lizarza». Esperanza Aguirre, que fue nombrada por Aznar ministra de Educación y Cultura en su primer gobierno de 1996, es expeditiva: «ETA tiene que salir de las instituciones. Hay que impedir que, bajo algún subterfugio, pueda concurrir a los comicios de 2011. Me consta que, para ellos, eso es básico». La presidenta, que ha tenido que asistir a muchos funerales de compañeros suyos asesinados por la banda, va más allá:
—Fue una vergüenza lo de la negociación de 2007. Ya está claro para qué utiliza ETA las instituciones. Por eso es fundamental que el Gobierno no se deje convencer con ningún señuelo que le ponga la banda para ningún tipo de negociación.
De vuelta al despacho de Sol, Aguirre no da abasto: su minitelevisor le devuelve imágenes de la rueda de prensa en la que su segundo, el vicepresidente Ignacio González, está dando cuenta de los acuerdos del Consejo de Gobierno. «Que ha empezado con retraso —relata la presidenta— por la entrevista con el representante de Cerdeña. Pero ha tenido mucha sustancia con la ley de autoridad del profesor». En este punto, la presidenta recupera los ropajes de ministra de Cultura y Educación (1996-2000):
La educación socialista
—Es que, mire usted, lo que no es de recibo es que llevemos 30 años bajo leyes de educación socialistas. Es absolutamente falsa la idea de que cada Gobierno haya aprobado su propia ley. Falso de toda falsedad. Nuestros niveles de fracaso escolar responden al ideario socialista de igualar a base de bajar el listón de la calidad; de no defender las enseñanzas comunes; de no apoyar la libertad de elección por parte de los padres de la educación de sus hijos; de no fomentar la autoridad de los profesores...
Pero de esa enmienda a la totalidad para el PSOE, salva a José Blanco, con el que mantiene un idilio político de largo alcance.
—¿Y qué tiene el ministro Blanco que no tuviera Magdalena Álvarez?
—Pues espíritu de colaboración. No es que el ministro haya puesto un euro en Madrid, pero nos ha permitido hacer unas obras imprescindibles, como la prolongación de las radiales 3 y 1, el cierre de la M-50...
La responsable madrileña ha llegado a su despacho. En el salón desde cuyo balcón se proclamó la II República, toca picotear un almuerzo frugal y seguir contestando a este periódico.
—¿Es Zapatero el peor presidente que ha tenido España?
—Sí, porque todas las políticas que ha puesto en marcha para acabar con la crisis van en mala dirección.
—¿Rajoy lograría rebajar las cifras de paro?
—Con Rajoy, el paro descendería rápidamente. No hay más que ver lo que hizo el Gobierno del PP durante los ocho años que gestionó la economía.
—Los tiempos convulsos con él parecen haber pasado...
—Pero siempre se aprovechará cualquier cosa que yo diga para enfrentarme con alguien.
Con una coca-cola light en su mano, Aguirre defiende la formación de los políticos; su independencia económica...
—¿Es decir, usted cree que antes de llegar a la política hay que llevar los deberes hechos? ¿Las oposiciones aprobadas...?
—En efecto. Es más, si todos los que llegan a la política hubieran cotizado antes a la Seguridad Social, no hubiéramos tenido el caso Gürtel en el PP.
Se refiere la entrevistada a tantos cachorros de político sin oficio ni beneficio. Y —aviso para navegantes— pone como ejemplo, junto a su caso, el de dos personas a las que todo el mundo le enfrenta:
—Tanto Mariano [Rajoy] como Alberto [Ruiz-Gallardón] llegaron a la política con sus carreras, sus oposiciones y su profesión. Eso es fundamental para ejercer con independencia esta dedicación.
Ya sin tiempo (le espera un acto en San Fernando de Henares en el que entregará una medalla a Ignacio González, al que sigue estrechamente unida, a pesar de los rumores), Aguirre no quiere perder la oportunidad de abrir un debate.
—¿Para cuándo la racionalización de las competencias, sobre todo ahora, en época de vacas flacas?
—Es que no hay bolsillo que aguante que una misma competencia la presten Ayuntamientos, Comunidades, Gobierno, UE y, a veces, hasta las Diputaciones. Hace falta una ley para definir las competencias y que los ciudadanos sepan quién les presta los servicios.
El encuentro está a punto de terminar. Antes, hace pasar a los dos periodistas de ABC a su despacho privado, adornado con fotos de su marido; de sus hijos; viñetas de Mingote; una maqueta de helicóptero (obsequio de Leguina y evocador de aquel accidente de resultado milagroso); un casco de bombero; carpetas y carpetas para la firma apiladas sobre su mesa; un capote, regalo de Cayetano Rivera Ordóñez... y al fondo, el cuarto de baño. El de una mujer, sin duda.
—Mire, estas luces —se refiere a dos fluorescentes sobre el espejo— las coloqué para poder retocarme. Es que Alberto no las tenía porque no las necesitaba.
A pesar de esta última referencia, termina la entrevista sin la pregunta de rigor sobre el alcalde de Madrid.
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